JORGE GONZALEZ IZQUIERDO.
UNIVERSIDAD DEL PACIFICO.
Desde 2024 la economía peruana viene experimentando una estabilidad macroeconómica que permitirá a los gobiernos de turno centrarse en resolver los problemas fundamentales del país como pobreza, extrema pobreza, desigual distribución del ingreso y riqueza y sobre todo, falta de oportunidades, realizando reformas estructurales que provoquen un mejor funcionamiento del sistema de economía social de mercado de forma tal de promover el crecimiento de la productividad, del PBI potencial y la justicia social.
La estabilidad macroeconómica se caracteriza por la existencia conjunta de cuatro factores : a) una relativa baja inflación que no constituya mayor problema para los agentes económicos en el proceso de toma de decisiones. En el Perú la inflación desde abril 2024 está dentro del rango meta establecido por el BCRP y al mes de febrero 2025 fue de 2.21% en doce meses, con expectativas inflacionarias de corto y mediano plazo ancladas al rango meta; b) el crecimiento de la economía está acorde a su crecimiento potencial (alrededor de 3%) ya que en 2024 creció 3.5% y el año pasado 3.4%. El empleo adecuado creció, según el INEI, 7% en 2025 y el subempleo disminuyó en casi 5% en tanto que los ingresos mensuales provenientes del trabajo subieron alrededor de 5% en términos reales, configurando así un adecuado comportamiento del mercado laboral; c) la situación fiscal actual no presenta grandes riesgos para la sostenibilidad fiscal del país ya que la relación deuda pública/PBI estaba en 30.4% en el 2025, según el R.I,diciembre 2025, BCRP, y el déficit fiscal terminó en 2.2% del PBI. Además, el servicio anual de la deuda pública como proporción del PBI fue de 1.7%, coeficiente para nada alarmante. Lo que si se debe cuidar es que esta situación no empeore en el tiempo ya que recibió una ayuda importante por parte de los ingresos tributarios que crecieron a dos dígitos en 2025 impulsados por un incremento de los Términos de Intercambio de 17%, tasa que no es sostenible en el tiempo; y d) los mercados bancarios y de capital están estables a pesar de los retiros de AFP’s y CTS sufridos en el año. La aplicación progresiva de BASILEA III y la supervisión de la SBS Y AFP, SMV Y BCRP explican en mucho dicha situación.
La experiencia del Perú y de otros países en este respecto hace ver que así como es importante invertir en infraestructura, salud y educación es crítico asimismo invertir en lograr estabilidad macroeconómica y en las instituciones que la soporten. Esto contribuye a otorgar a un país resiliencia frente a shocks negativos externos y/o internos como por ejemplo, inestabilidad política interna o guerras externas y sus consecuencias, etc.
Un buen número de economías emergentes, entre las que está Perú, han venido mostrando resiliencia frente a embates de shocks negativos de distinta naturaleza internos y/o externos (FMI,2025), notablemente nuestro país frente a la tremenda inestabilidad política de los últimos años graficada en haber tenido ocho presidentes desde 2016, es decir , en diez años. La pregunta es ¿ qué ha causado esa resiliencia?. Son distintos factores : a) la construcción de mejores marcos, estructuras, para el desarrollo e implementación de la política económica en general, en especial para la política monetaria y la fiscal como por ejemplo la adopción del “inflation targeting” y reglas monetarias para la primera y reglas fiscales y creación de un consejo fiscal autónomo para la segunda; b) mejora en el funcionamiento y estabilidad de algunas instituciones vitales para la estabilidad macroeconómica como el banco central, superintendencia de banca y seguros y otras; c) condiciones externas favorables, que vienen durando un tiempo relativamente prolongado como la mejora en los términos de intercambio, por ejemplo; d) estabilidad del sistema financiero que apoya el accionar del sistema productivo; e) un sector privado que ha mejorado la eficiencia operativa de sus empresas y el proceso de toma de decisiones vía, principalmente, la incorporación de progreso tecnológico y el aprendizaje de sucesivas crisis experimentadas; y f) construcción y mantenimiento de adecuados niveles de reservas internacionales netas, que en nuestro caso está alrededor del 30% del PBI.
Si bien la economía peruana ha venido mostrando resiliencia frente a shocks negativos sobre todo de naturaleza política, en el sentido que no ha registrado crecimientos sostenidos debajo de su potencial, crisis financieras-cambiarias y/o inflaciones por encima del rango meta ( excepto por problemas globales como el COVID 19,por ejemplo) si estimo que se ha incurrido en un costo de oportunidad considerable al transcurrir quinquenios y no haber podido realizar, por la incertidumbre e inestabilidad política-institucional, las reformas estructurales que tanto se necesitan para elevar el crecimiento potencial de la economía a 6% anual, de forma tal de generar los recursos necesarios para solucionar los problemas fundamentales de la sociedad peruana. En este sentido, el ámbito político sí le pasó factura al ámbito económico.
El año 2026 se presenta algo complicado. La economía está sufriendo los embates de tres shocks negativos que están golpeando, principalmente, la Oferta Agregada de la economía y, en menor medida, la Demanda Agregada : a) El Fenómeno de El Niño; b) la guerra del Medio Oriente; y c) la interrupción del suministro del gas natural ,al momento de escribir el presente artículo. Estos tres shocks están actuando conjuntamente, algo pocas veces visto en la historia reciente del país.. Si bien son de naturaleza transitoria y por lo tanto de efectos temporales, éstos pueden durar varios meses y afectar el comportamiento de la economía en el año.
Los shocks negativos que golpean la Oferta Agregada producen efectos directos e indirectos sobre variables importantes como inflación, crecimiento, expectativas, empleo, etc.. Los efectos directos son los siguientes: i) hacen subir los precios en forma focalizada como por ejemplo alimentos, combustibles; ii) contraen el gasto del consumidor, ceteris paribus, en todos los demás bienes y servicios al tener que gastar más en los bienes mencionados dada una cierta inelasticidad en la demanda respectiva, con lo que afectarán la dinámica de corto plazo de la economía (crecimiento). Los efectos indirectos son: iii) afectar los salarios por cambios en el costo de vida; iv) otros costos de producción de numerosas empresas dado que les cuesta más producir por el alza, por ejemplo, de combustibles (diésel); v) incremento en la frecuencia de ajuste de precios por parte de las empresas; vi) si éste aumento temporal de inflación hace que la gente comience a esperar mayor inflación en el futuro cambiando sus expectativas de inflación, por ejemplo, a esperar inflaciones mayores a 3% anual entonces la situación se pone complicada sobre todo para el banco central que tendrá mayor dificultad para bajar la inflación a niveles normales. Todo esto contribuye a generalizar el aumento de precios en la economía. Si las expectativas negativas se extienden podría verse afectada la inversión privada y la contratación de nueva mano de obra.
Existe sin embargo, un efecto positivo que sería el derivado del aumento en el precio del oro, plata y cobre que son vistos como activos seguros, refugio, por los grandes capitales internacionales, dado que recientemente, en los mercados mundiales, los precios de las acciones se tienden a mover en la misma dirección con los precios de los bonos disminuyendo así el rol de estos últimos en reducir el riesgo del portafolio.
En resumen, los probables efectos negativos sobre la economía de los tres shocks adversos dependerán de su duración, intensidad y propagación. Si la duración es corta, pequeña, el impacto negativo será acotado. Si es mayor, el costo crecerá.
Si la duración es corta y la intensidad leve o moderada y el gobierno maneja la situación en forma eficiente sería razonable postular para 2026 un crecimiento económico alrededor de 3% , algo menos o algo más. La inflación podría estar alrededor de 3%, un poco menos, un poco más, dependiendo de las acciones que tome el banco central y si las expectativas inflacionarias de los agentes económicos siguen ancladas en el rango meta establecido por el banco central. En cambio, si el Fenómeno de El Niño o la guerra del Medio Oriente se extiende o agrava las proyecciones tendrán que ajustarse, a la baja para el primer caso y hacia arriba para el segundo.
El proceso político interno que estamos viviendo actuará negativamente si es que candidatos que se presentan como anti-sistema o con ideas peligrosas se colocan en situaciones expectantes. Si en cambio, los candidatos que reafirman su compromiso con los fundamentos del actual sistema de economía social de mercado lideran la intención de voto no habría mayores repercusiones negativas sobre la economía. Pero, en nuestro querido país nunca se sabe. Las experiencias de 1990 y 2021 así lo advierten.
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