Estimados amigos, les comparto un artículo de un colega mio sobre las condiciones de salubridad pública que debieran darse antes de abrir la economía. Por favor hacer click en el siguiente link:
https://arturobriceno.wordpress.com/2020/05/19/cuantas-pruebas-diarias-covid-19-se-necesitan-para-asegurar-una-apertura-exitosa-de-la-economia/
FORMAS DE RECUPERACION DE LA ECONOMIA
JORGE GONZALEZ IZQUIERDO.
UNIVERSIDAD DEL PACIFICO.
En la literatura económica moderna[1]
se ha podido establecer, en base al estudio de un buen número de casos de
recesiones pasadas a nivel mundial, diferentes formas en las que las economías
con fuertes problemas económicos inician el camino de retorno a la normalidad.
Esto cobra mucha importancia hoy dado los problemas que está sufriendo la
economía peruana a consecuencia de la pandemia originada por el coronavirus.
Procedamos a estudiar las formas conocidas de retorno a la normalidad.
Si aceptamos que en la economía peruana existen imperfecciones de diferente
clase en los diferentes mercados que la componen, tendremos que concluir que
para el corto plazo la producción y el empleo estarán determinados, en lo
fundamental, por el estado de la demanda agregada, en especial del gasto
interno. Por consiguiente, en la fase de reactivación la política monetaria y
sobre todo la fiscal tendrá que estar orientada a estimular la demanda interna
dado que es muy probable que exista un déficit de demanda que solucionar si
queremos que la economía regrese a su nivel potencial en el menor tiempo
posible. Dependiendo de la cantidad y calidad de la respuesta de política
económica y de lo acertada que estén las
decisiones sobre la mantención de la cuarentena y otras restricciones, se
podrían dar los siguientes resultados:
1) UNA
RECUPERACIÓN TIPO “Z”.
En el eje de las “Y” se mide nivel de PBI. En el
eje de las “X” se mide tiempo. La línea recta y punteada indica la trayectoria
del nivel del PBI sin considerar los efectos de la pandemia. En el tiempo “t0”
se toman las medidas restrictivas y el nivel del PBI cae a “a” pero cuando se
levantan éstas se produce un rebote fuerte en el PBI que lo lleva incluso por
encima del nivel pre-crisis, “b”, para luego regresar a su nivel normal, “c”. ¿Qué
pudo provocar esto? El comportamiento de la demanda (gasto). Los agentes
económicos sobre todo consumidores se muestran muy optimistas al extremo que lo
que dejaron de comprar en los días de cuarentena, salen y lo “recuperan” en los
días posteriores, adicionales a su
consumo normal. Eso provoca el “overshooting”. Además consideran que la
posibilidad de un contagio desaparece rápidamente y la posibilidad de un
rebrote no existe. Sus ingresos no se vieron mayormente afectados ni tampoco el
empleo. Algo exótico en los presentes momentos. Pero lo presento porque al
comienzo algunos comentaristas y altos funcionarios públicos lo consideraban
posible.
2) UNA RECUPERACIÓN TIPO “V”.
Aquí los agentes económicos se muestran también
optimistas pero no tanto como en el caso anterior. Cuando se producen las
medidas restrictivas, el PBI cae a “a” y luego se inicia un proceso de
recuperación relativamente rápido, digamos en uno o dos trimestres, que se
extiende por un tiempo hasta alcanzar el punto “b”. Las expectativas son
positivas y se tiene confianza que la
pandemia no retornará, porque se descubrió una vacuna por ejemplo. La vida
regresa a su normalidad. En este caso se
debe asumir también que los ingresos reales no han sufrido mayor daño y que el
empleo se recupera rápidamente. Casi una Ley de Say.
3) UNA RECUPERACIÓN TIPO “U” PERO CON EL SEGMENTO
“B”-“C” MÁS ECHADO.
Esta
es una opción más realista dado que
asume que los efectos de la pandemia duran un tiempo mayor, que supera
el fin de las restricciones; el shock inicial de oferta produce efectos más
duraderos sobre la demanda agregada. Aquí cuando se dan las restricciones, el
PBI cae a “a” y se mantiene con poca variación por un tiempo, “b”, para luego recuperarse lentamente, “c”. La
probable explicación de este comportamiento es que se han producido tres tipos
de factores: a) se mantienen restricciones parciales sobre el aparato
productivo; b) se ha producido daño a la
demanda agregada, sobre todo la interna, vía deterioro de liquidez e ingresos
reales, de expectativas, desempleo de mayor duración; y c) también problemas de liquidez y solvencia en
empresas, sobre todo en el segmento de micro, pequeña y medianas empresas. El
contexto externo será desfavorable en gran parte del periodo.
4) UNA
RECUPERACIÓN TIPO “W”.
Este caso es muy real también. Se da cuando un
gobierno presionado por grupos de poder político, mediáticos o económicos se
apura prematura e irresponsablemente en reabrir la economía no tomando en
cuenta al 100% los consejos desde el punto de vista de salubridad pública
provocando un regreso de la pandemia en los próximos meses. El gobierno se verá
obligado a tomar medidas más drásticas todavía.
Aquí cuando se toman las medidas restrictivas, el PBI
cae a “b” para luego cuando se levantan tales medidas iniciar un proceso de
recuperación, “c”, y luego la pandemia rebrota y se toman medidas más
restrictivas, el PBI vuelve a caer para posteriormente iniciar otro proceso de
recuperación, más lento y doloroso. El costo económico total será mayor que en
los casos anteriores.
5) UNA
RECUPERACIÓN TIPO “L”.
Este caso es un poco difícil que se dé dado que el
periodo de restricciones al aparato productivo y personas no es muy prolongado.
Cuando las medidas restrictivas y los efectos que producen sobre la economía
duran un largo tiempo es probable que se ocasionen daños permanentes a la
oferta agregada, debido a que se afectaría la formación del stock de capital,
la calidad y cantidad de empleo, el progreso tecnológico; un fenómeno llamado
“Histéresis”. Estaríamos hablando de “una inversa a la Ley de Say” en el
sentido de que “lack of demand creates over time lack of supply”. Según esto el nivel del PBI potencial cae a un
nivel inferior para el largo plazo, “a” y se mantiene en ese nivel. Esta
situación es la que están pasando hoy
las economías desarrolladas después de la Gran Crisis Financiera
2007-2008. Guardando sus distancias pero algo similar le ocurrió a la economía
peruana. En el periodo 2003-2013, de gran auge en el precio de las materias
primas, el crecimiento potencial de la economía peruana se estimaba entre 6%-6.5%
anual. Cuando se acabó el auge y los precios de las materias primas cayeron
apreciablemente, un movimiento de regreso a una situación de normalidad, el
crecimiento potencial se tuvo que recalcular a alrededor de 4%. El crecimiento
promedio anual 2014-2019 fue de 3.0% por debajo del potencial aún para
estimaciones un poco menores al 4%. Por lo que, hasta antes de la llegada de la
pandemia podríamos concluir dos cosas: a) se dió una reducción apreciable en el
crecimiento potencial; b) además se produjo una reducción en el crecimiento
actual por debajo del nuevo potencial atribuido a un déficit de demanda, sobre
todo interna.
Con la información hasta el momento, no considero
viable que esta forma de recuperación se dé en nuestro caso.
6) CONCLUSIÓN.
De los cinco escenarios expuestos considero que el
más probable que ocurra es el “U” modificado, si es que el gobierno no actúa
imprudentemente y levanta prematuramente las medidas restrictivas, en cuyo caso
tendríamos el escenario “W” como
probable. Las razones para ello estarían focalizadas en los efectos
sobre la Oferta y Demanda Agregada de la economía. Respecto a la primera, se
darán todavía restricciones parciales al
aparato productivo hasta el mes de agosto-setiembre por lo que recién estaría
funcionando al 100% a partir del último trimestre del año; los protocolos sanitarios fijados por
actividad serán de difícil y costoso cumplimiento para la mayoría de las
empresas, sobre todo para las micro, pequeña y en menor medida medianas
empresas sin contar a la oferta de
naturaleza informal; la productividad
podría verse afectada por el fuerte desempleo que se está produciendo en el
sector formal ya que se estaría perdiendo capital humano especializado al
momento de la recontratación, y también por la
drástica caída en la inversión
privada. Es probable que un sector de empresas con problemas de liquidez pasen
a tener problemas de solvencia al ver sus ingresos estancados y su
endeudamiento crecer. Respecto a la segunda, el consumo privado tendrá un muy
débil comportamiento por la caída en los niveles de liquidez e ingreso real de
las personas; en el empleo; expectativas negativas; y restricción voluntaria de
gasto en actividades de alto riesgo de contagio; el miedo a gastar puede
ahondar una recesión. La inversión privada estará afectada por la quiebra de
empresas y por la difícil situación de liquidez y solvencia que atraviesan;
expectativas negativas dada la gran incertidumbre existente; y desfavorables desarrollos
provenientes del exterior, sobre todo para la minería. La demanda externa neta
no jugará un rol reactivador de la producción en buena parte del periodo
2020-2021.
La política económica de corto plazo tendrá mucho que
decir en estos desarrollos, especialmente la fiscal, dado que el gasto privado
estará contrayéndose, vía expansión del gasto en inversión, especialmente en
infraestructura ya que es sabido que cuando la tasa de interés de referencia
del banco central está prácticamente en cero, el multiplicador fiscal sube de
valor y además en el Perú no es relevante la Hipótesis del Ingreso Permanente,
lo que refuerza la conclusión anterior; asimismo importa mucho la forma de
financiar el déficit. La política monetaria debe ser creativa en desarrollar y
usar mecanismos no convencionales para seguir soportando el buen
desenvolvimiento de los mercados financieros y estimular, dentro de lo posible,
el gasto privado, y respaldar una recuperación tan vigorosa como sea posible.
El banco central debe hacer un uso más intensivo del mecanismo de Forward
Guidance para guiar expectativas de los agentes económicos por el sendero
deseado y afectar favorablemente las condiciones del mercado financiero sin
hacer uso extenso de cambios en la base monetaria.
[1] “The ABCs of the post-COVID economy recovery”, L. Sheiner and K. Yilla, Brookings, series, May 4, 2020.
REABRIENDO LA ECONOMIA.
JORGE GONZALEZ IZQUIERDO.
UNIVERSIDAD DEL PACIFICO.
Reabrir la economía
después de la emergencia plantea cuales debieran de ser las condiciones
para hacerla. En lo que sigue intentaré responder a la pregunta.
Los efectos negativos
sobre la economía dependerá de la DURACIÓN de la pandemia; cuanto más dure,
mayores serán los costos y más complicada la recuperación. A su vez, la
duración dependerá de la CALIDAD de la respuesta del servicio público de
salud; si es mediocre, con deficiencias importantes, la duración será
mayor y con ello el costo sobre la economía. Sin embargo, en la respuesta habrá
también un rol para la política fiscal y monetaria, sólo que de
naturaleza cambiante en el tiempo.
Trabajando con el
concepto de función de producción podemos concluir que producto de la
cuarentena y el cierre de fronteras, el empleo caerá fuertemente en el
muy corto plazo, provocando una reducción en el nivel del PBI potencial de la
economía. Esta caída del PBI potencial será transitoria y constituiría
una respuesta eficiente de la economía ante decisiones tomadas desde el punto
de vista de la salud pública, por lo que no amerita formular
política expansiva alguna en esta fase de emergencia puesto que no habrá
desequilibrio entre gasto-ingreso que remediar. Pero, aún en este caso la
política fiscal y monetaria tendrá un rol que jugar para evitar producir
efectos de más largo plazo sobre la oferta agregada como los que se producirían
por quiebra masiva de empresas o el sector financiero no cumpla
eficientemente con su función de intermediación; así como con la mano de obra
que no vaya a reducirse por excesiva mortandad, fuerte
desempleo que afecte la productividad, etc.
Hasta aquí, el muy
corto plazo, la situación de emergencia. Con el tiempo, el shock inicial de
oferta tenderá a producir efectos adversos de mayor duración sobre la demanda
agregada (la Ley de Say no se cumple) por varios canales: a) habrá limitaciones
parciales para aquellas actividades de alto riesgo de contagio afectando
la relación ingreso-gasto de sus integrantes; b) la incertidumbre
continuará siendo grande afectando vía expectativas el consumo e inversión
privada; c) el sector privado limitará su gasto en actividades de alto riesgo
de contagio; d) ciertos sectores tratarán de reconstruir sus niveles de ahorro.
Esto provocará un déficit de demanda que habrá que solventar con política
fiscal y monetaria expansiva si queremos que la economía recobre su nivel
potencial, en el menor tiempo posible. Hay que entender que desde fines
del 2020, 2021 y más, el comportamiento de la producción y empleo estará
determinado por el dinamismo de la demanda agregada, especialmente la interna,
dado los condicionamientos provenientes de la economía mundial y de la campaña
presidencial 2021.
Pero en el interin,
que condiciones podemos poner para que la reapertura de la economía
no fracase. Creo que las siguientes: a) repotenciar el sistema de detección,
aislamiento y seguimiento de contactos de los infectados aumentando
apreciablemente el número de pruebas; b) cuarentena parcial por un tiempo a
actividades de alto riesgo de contagio; y c) proveer ayuda de emergencia
a los agentes económicos cuyos ingresos han caído fuertemente. Sería mejor
definir las actividades riesgosas que deberán permanecer con restricciones por
un tiempo y devolver la libertad de acción al resto con exigencias de
salubridad razonables. Esto permitirá que el estado se concentre en ayudar
a actividades y/o sectores más
afectados. El tratamiento a las actividades informales será de importancia
medular dado que la supervisión de medidas sanitarias será muy difícil.
La velocidad con que
la economía se recupere dependerá básicamente de la contención de la pandemia,
y evitar a toda costa un rebrote. La aparición de una vacuna hará que el
proceso se acorte.
EL CORONAVIRUS Y LA LEY DE SAY.
JORGE GONZALEZ IZQUIERDO.
UNIVERSIDAD DEL PACIFICO.
La Ley de Say en su versión popular dice que toda
oferta crea su propia demanda. Es decir, nunca podrá darse un déficit o exceso
de demanda; siempre habrá equilibrio macroeconómico y por consiguiente, es
innecesaria una política económica de corto plazo. Actualmente deben ser muy
pocos los que sostengan que dicha ley tenga alguna validez debido a que existe
una demanda por dinero y no siempre la tasa de interés es perfectamente
flexible. Sin embargo, hay comentaristas que, sin saber quizá, hacen uso
indirecto de ella al afirmar que los costos provocados por el coronavirus se
disiparán rápidamente y en poco tiempo la economía volverá a su normalidad
(crecimiento acorde a su potencial). Con ello están sosteniendo que el
coronavirus provocará una contracción pasajera de la actividad económica porque
es un shock de oferta negativo externo. En términos de la Ley de Say, si la
oferta agregada cae, cae también la demanda agregada (gasto) y al acabarse la cuarentena, el distanciamiento
social y el cierre de fronteras externo e interno, la producción resurgirá
autónomamente y con ello la demanda. Este es un análisis por demás simplista
dado que asume que el shock de oferta no producirá ningún shock de demanda y
financiero adverso duradero y que los mercados funcionan sin rigideces; y eso
no es cierto. En la actual circunstancia las fuerzas de oferta y demanda están
entrelazadas y provocan que la demanda agregada se vea afectada por shocks de oferta, el caso de las
exportaciones por problemas de transporte, y ésta a su vez afecte en el camino
a la oferta agregada, como sería el caso de
empresas que quiebren debido a
una insuficiencia de gasto; amén de la presencia de imperfecciones en
diferentes mercados. Además, la incertidumbre generada por la pandemia causa
efectos depresivos de más largo plazo sobre el consumo e inversión privada,
especialmente en el sector servicios. Si fuese cierto la posición basada en la
Ley de Say, no se necesitaría política económica alguna y la recuperación sería
automática y rápida. Pero no es así. Política
económica de corto plazo se necesita y debe tener dos fases secuenciales: a)
una inicial, inmediata y masiva, de control de daños que busque evitar justamente que se den pérdidas permanentes
en el aparato productivo y empleo. Papel protagónico tiene la política fiscal y
en menor medida la monetaria; y b) una posterior, de disipación de incertidumbre y reactivación, en la que se necesita estimular
la demanda agregada interna vía mayor gasto privado y sobre todo público (inversión),
especialmente en nuestro caso que desde 2014 hasta el presente se ha venido
dando un déficit de demanda persistente que provocó que la economía crezca ,en
promedio, debajo su potencial; la
política fiscal también tendrá un rol
protagónico sobre todo ahora que la tasa de política monetaria está prácticamente en cero, situación que ocasiona
que el multiplicador fiscal aumente sustancialmente. En el 2020 es probable que
experimentemos crecimiento negativo pero de hacerse bien las cosas en política
económica, en el 2021 retomaremos el crecimiento aún cuando estaremos debajo
del potencial. Dos factores adicionales condicionarán fuertemente los
resultados: a) el decrecimiento y
posterior modesto crecimiento de la
economía mundial generando shocks de oferta negativos convencionales vía
precios de las materias primas que exportamos y flujos de capital; y b) el
proceso electoral presidencial y congresal del 2021, creando mayor
incertidumbre.
SOBRE EL ESTIMULO ECONOMICO
JORGE GONZALEZ IZQUIERDO
UNIVERSIDAD DEL PACIFICO.
Los costos de la pandemia del coronavirus sobre la economía peruana se
estiman, sobre una base anualizada, entre 12%-15% PBI. Es decir, el costo para
la economía es realmente sustancial. Esto impone un gran reto para el diseño de
la política económica ya que tendrá que enfrentar un problema con
características quizá nunca antes vista. Pero, ¿cómo tendrá que hacerse ese
diseño? En lo que sigue intentaré dar una respuesta.
Asumamos primero una situación ideal para después alejarnos de ella y
acercarnos a la realidad. Supongamos que estamos creciendo de acuerdo al
potencial, digamos, alrededor del 4% anual. En ese momento aparece el
coronavirus que obliga a tomar medidas sanitarias como cuarentena total,
distanciamiento social, cierre de fronteras y otras, con efectos devastadores sobre oferta y demanda agregada
y repercusiones en el sector financiero. Se tenderá a producir un costo
económico de la magnitud arriba señalada que podría ocasionar que el crecimiento actual de la economía caiga muy
por debajo del potencial, digamos, a -3%,
con el consiguiente deterioro del bienestar de la sociedad. Si queremos
que ese deterioro no sea catastrófico, tendremos que tomar medidas
correctivas. Aquí aparece la primera fase de una política económica, la de
evitar un efecto IMPACTO del coronavirus. En esta fase la política económica
tendrá como objetivo principal producir ALIVIO
en los sectores de población y actividades afectadas, pero un alivio de tipo
más humanitario no tanto preocupándose de variables económicas (PBI por ejemplo); es más un control de daños. La
política fiscal procurará solventar las necesidades de alimentación y de otro
tipo de la población afectada y contribuir con el banco central a evitar
quiebre de empresas y que el crédito al sector privado no se corte. Aquí podrían comprometerse varios puntos del PBI en gasto. Pero una vez
superada la cuarentena total y la fase de emergencia, surge la pregunta ¿cómo
se puede ayudar a que la economía recobre su crecimiento potencial, niveles de
empleo, salarios, es decir recupere su normalidad? Porque por un tiempo más
habrá cuarentena oficial o de facto en sectores que se consideren riesgosos
tipo espectáculos, restaurantes, fronteras, etc., y la incertidumbre generada seguirá vigente y
quizá se agrave con el inicio de la campaña presidencial y congresal del 2021 a
partir de agosto-setiembre, afectando así el consumo e inversión privada; y la economía mundial nos condicionará vía caída
en los precios de los commodities que exportamos y menores flujos de capitales.
Es en este escenario que se necesitará de un segundo tipo de política
económica, más convencional, que ESTIMULE el gasto agregado, sobre todo
interno, para impulsar a la economía a recobrar
sus condiciones de normalidad, es decir, crecer de acuerdo a su potencial. Esto
no será tarea fácil puesto que desde 2014 venimos experimentando déficit de
demanda que nos ha hecho crecer debajo del potencial. El gobierno a anunciado
un “estímulo” fiscal equivalente al 12%PBI. Considero que ese gasto de 12%PBI
deberíamos dividirlo en su componente ALIVIO y su componente ESTÍMULO. No todo
es estímulo. Con cálculos preliminares, considero que más del 50% del gasto es
para reparación de daños; el resto
deberá gastarse en aquello que tiene un alto efecto multiplicador como la
inversión en infraestructura pero cuidando la calidad del gasto. La política monetaria tendrá que ser más
expansiva innovando en los mecanismos para llevarla a cabo ya que una fuerte
incertidumbre debilita el mecanismo de la tasa de interés. No hablo de reformas
estructurales porque el tiempo de gobierno no da para eso. El 2020-2021 no luce
bien.
SOBRE EL DISEÑO DE POLITICA ECONOMICA EN LA ACTUALIDAD.
JORGE GONZALEZ IZQUIERDO
UNIVERSIDAD DEL PACIFICO.
Los efectos del coronavirus en la economía mundial y local serán
fuertemente negativos. Un periodo de recesión parece altamente probable aún
cuando considero que en el caso nuestro la recuperación, de seguirse una adecuada
política económica contracíclica, podría ser relativamente rápida lo que no nos
libraría, una vez superada la recesión, de un periodo de crecimiento debajo del
potencial por un tiempo relativamente largo. Se debe entender que es rol del
estado proteger la economía y sus ciudadanos contra shocks que el sector
privado no causó y no puede manejar y que la pérdida de ingreso de éste, debe
ser absorbida, en parte o total, por el estado. En la actualidad se ha iniciado una secuencia peligrosa de shocks de oferta y
demanda que se retroalimentan por varios canales y pueden causar fuertes
efectos negativos sobre producción,
empleo y en menor medida sobre precios.
Esta secuencia de shocks debe ser cortada lo más rápidamente posible. Una
cuarentena prolongada afecta directamente e indirectamente la oferta productiva
pero una vez superada, la demanda (gasto) aparece como el driver de la
situación por lo que se debe evitar que la inversión y el consumo privado, que
en la presente realidad dependen largamente de la situación de liquidez de los
agentes económicos y sus expectativas, caigan fuertemente. Una gran lección de la Gran
Crisis 2007-2008 fue que el sector financiero debe funcionar normalmente para
superar rápidamente una recesión. En el presente caso, debemos evitar que la crisis de salud se convierta en una crisis
financiera. Medidas como posponer pagos de impuestos y subsidiar empleo son
adecuadas. Pero, proteger empleo y capacidad
productiva cuando los ingresos netos bajan, requiere inmediato apoyo de
liquidez tanto a las empresas como a las familias, especialmente cuando se
impone una cuarentena total o parcial prolongada. Aquí es donde entra el rol de
la política fiscal y monetaria-financiera. Con la política fiscal, además de
atender prioritariamente los requerimientos de salubridad, se debe evitar, en
el muy corto plazo, que las empresas despidan trabajadores o quiebren y las
familias se queden sin ingresos. Rebajas de impuestos, posponer su pago, subsidios directos a empresas y otorgamiento
de garantías para préstamos (disminución de riesgos) son medidas a tomarse al
igual que garantizar un ingreso mínimo a la población afectada por la
cuarentena, especialmente los independientes informales. Por el lado
monetario-financiero, reducir apreciablemente tasas de interés, garantizar
liquidez al sistema financiero, generar esquemas de préstamos concesionales a empresas que presentan problemas de liquidez y hacer uso del mecanismo
“forward guidance”. Lo que no me parece adecuado es que se haya hechado
mano a fondos como la CTS y las AFPs porque se están sacrificando objetivos de
largo plazo por objetivos de muy corto plazo. Se puede sostener que eso
estimulará la economía, si, en el corto plazo,
pero es la paradoja keynesiana del ahorro al revés. Se está convirtiendo
ahorro en consumo. En el largo plazo disminuirá el crecimiento potencial de la
economía amen de otros efectos negativos como reducir salarios reales. Además,
sólo se está tocando a una pequeña fracción de la fuerza laboral (formal
dependiente) que es la menos afectada. Respecto al déficit fiscal recomiendo no
preocuparnos en exceso dado que es un fenómeno transitorio. Además, el costo
real de endeudarse es muy bajo; el costo promedio ponderado de la deuda es
menor al crecimiento potencial de la economía; y la relación deuda/pbi bruta y
neta está en niveles razonables. Pasada la emergencia, viene la preocupación
por el corto - mediano plazo. Hay que formular un plan económico 2020-2021 que intente
regresar a la economía a su crecimiento potencial. Aquí resolver el problema de
déficit de gasto, sobre todo interno, que nos aqueja desde hace buen tiempo, es
fundamental.
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Esta entrevista forma parte del programa especial de El Comercio sobre el COVID-19: Coronavirus y qué hacer en materia económica
Esta entrevista es parte del especial de El Comercio sobre el coronavirus: Coronavirus | ¿Qué país está llevando mejor las cosas en materia económica?
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