SOBRE LA INFLACIÓN PERUANA: UNA ACTUALIZACIÓN.

JORGE GONZALEZ IZQUIERDO.

UNIVERSIDAD DEL PACÍFICO.

 En mayo del presente año presenté un análisis del fenómeno inflacionario que está aquejando al país desde fines del 2020 conjugando variables nominales y reales (www.gonzalezizquierdo.blogspot.com). Considero pertinente actualizar dicho análisis en vista de los nuevos desarrollos que han ocurrido desde entonces.

 Primero, presentaré las estadísticas más relevantes al respecto para luego proceder con el análisis.

1)     Al mes de setiembre las principales variables presentan el siguiente comportamiento:

a)      Inflación Actual, fue de 0.52% mostrando por tercer mes consecutivo una reducción frente al mes previo, aun cuando su valor anualizado lleva a una inflación todavía superior al 6%. En términos de doce meses registró una tasa de 8.53%, superior a la del mes anterior (8.40%).

b)     Inflación Core, que se estima restándole a la inflación actual la variación de precios de alimentos y combustibles por ser muy variables, registró para el mes de setiembre un valor de 0.33%, ligeramente superior a la del mes anterior (0.31%) y una tasa a doce meses de 5.51% (5.39% en agosto)

c)      Inflación Esperada por los agentes económicos, de corto y mediano plazo. A doce meses fue de 4.89% inferior a la del mes anterior (5.10%). Para el año 2023 la inflación esperada presentó un rango entre 4.0% - 4.5% ligeramente superior al rango del mes anterior. Para el 2024 el rango fue entre 3.0% - 4.0% similar al del mes anterior.

d)     Inflación enero-setiembre fue de 6.68% superior a la del periodo enero-agosto (6.13%).

e)     Inflación al Por Mayor fue de 9.18% menor a la del mes anterior (10.26%)

f)       Desaceleración del crecimiento del PBI. Según cifras del INEI el crecimiento marginal (desestacionalizado) para el primer trimestre fue de 0.9% y para el segundo 0.0%.

g)      Rango inflación meta del BCRP: 1% - 3%, con un midpoint de 2%.

 

2)   Si bien es cierto que para la toma de decisiones sobre política monetaria se considera un conjunto mayor de variables de precios, financieras y reales, para el análisis a realizar trabajaré con el conjunto de variables mencionadas en el acápite anterior.

El marco conceptual que utilizaré es el de una curva de Phillips Precio Aumentada modificada para que contemple los efectos de shocks de oferta.

Podríamos definir la siguiente relación:

Inflación actual = Inflación Core + Inflación no Core.

La inflación actual es la que contempla shocks de diversa naturaleza tanto de demanda como de oferta. Es la que publica el INEI todos los meses y la relevante para el rango inflación del BCRP.

La inflación core la haremos función de los siguientes factores: a) expectativas de inflación de largo plazo; b) output gap; y c) shocks de oferta pasados.

La inflación no core la haremos función de cambios de precios exógenos en ciertos rubros. Representa desviaciones de la inflación actual respecto a la inflación core; para nuestro caso, básicamente se refiere a los shocks provenientes de variaciones en precios de alimentos y combustibles.

Es una formulación estándar de inflación en el sentido que la inflación actual está determinada por el comportamiento de la inflación core y la no core. Pero, la novedad de esta formulación radica en reconocer que la inflación no core afecta a la inflación actual vía dos canales: a) directo, cuando por ejemplo suben los precios de combustibles y alimentos; representa los efectos de primera vuelta; y b) indirecto, cuando afecta a la inflación core; representa los efectos de segunda vuelta. Pero, algunos se mostrarán sorprendidos por lo afirmado. ¿No es que por ser shocks transitorios se desvanecen conforme pasa el tiempo y no afectan a la inflación core?; vale decir, la inflación actual tenderá a regresar a la core que no se ve afectada, porque esta concepción es la que da sustento teórico al “inflation targeting”. No.  En la actualidad cada vez es mayor la literatura teórica y sobre todo empírica que demuestra que ello no sería así tanto para el caso de los efectos de fuertes contracciones sobre el PBI potencial (fenómeno de hysterisis) como para el caso de la inflación, al extremo que en la literatura nuevo-keynesiana se ha desarrollado el concepto de “Inversa de la Ley de Say”, es decir, contracciones severas y duraderas en la demanda agregada provocan reducciones en la oferta de pleno empleo. Y ¿cómo sería posible para el caso de la inflación?. La inflación no core afecta a la core vía dos canales principales: i) salarios; en la medida que el costo de vida suba fuertemente como consecuencia del incremento de precios de alimentos y combustibles los salarios se verán presionados a tomar en cuenta  tales desarrollos  y  esparcirán tales efectos sobre el resto de la economía; y ii) otros costos de producción; por ejemplo el alza en el  precio de combustibles que se importan  del extranjero se manifiesta sobre los precios de una amplia variedad de bienes y servicios dado que el combustible forma parte de sus respectivos costos de producción,  esparciendo  los efectos del shock inicial a todo el resto de la economía. La inflación core puede terminar reflejando importantes efectos de segunda vuelta.

La política monetaria del banco central afecta mayormente a la inflación core y ésta es precisamente la que ha mostrado una tendencia ascendente hasta el presente llegando a un 5.5% y no dando muestras de una reducción sostenida.

Las expectativas de inflación juegan un rol medular en el tratamiento moderno de la inflación. Desde los aportes seminales de Milton Friedman y Edmund Phelps en la década de los 60 constituyen un determinante fundamental en el diseño de una política antiinflacionaria. ¿Por qué? Porque en equilibrio la inflación actual y la esperada se determinan conjuntamente de tal manera que si deseamos saber cómo le irá a la inflación en el futuro debemos estimar cual será el valor de la inflación esperada por la gente. La inflación esperada de largo plazo funciona como un ancla para la inflación; si las expectativas cambian a cada rato entonces el ancla estaría a la deriva; si en cambio, difieren de la meta del banco central no existiría ancla alguna. Por esto, es muy importante para los bancos centrales tomar las acciones necesarias para mantener ancladas las expectativas de inflación de la gente a su meta fijada.  El éxito de una política antiinflacionaria dependerá si están bien ancladas.  Se distinguen dos tipos de “anclaje” (anchoring): a) level anchoring; y b) shock anchoring. La primera se refiere a cuando los agentes económicos creen firmemente que la inflación seguirá acorde a la meta de inflación fijada por el banco central; en nuestro caso 2% o su rango 1% - 3%. La segunda se refiere a que los agentes económicos no se dejan influir en sus decisiones por shocks transitorios de inflación que estén experimentando. Lo ideal es que el “anclaje” de expectativas se de en ambos tipos. Cuando estas se desenganchan de la meta del banco central pueden provocar que desviaciones temporales de inflación se conviertan en duraderas complicándole la lucha antiinflacionaria al banco central y provocando un mayor costo social de reducir la inflación (desempleo de recursos). Desde el punto de vista del mercado monetario, al aumentar la inflación esperada se produce un movimiento ascendente a lo largo de la curva de demanda por dinero (menor cantidad de dinero real demandada) y dada la oferta de dinero se producirá un exceso de oferta monetaria que si no se extrae terminará presionando precios, entre otras variables.

Las expectativas de inflación de corto plazo (12 meses) se han desenganchado de la meta de inflación aún cuando han empezado a mostrar una reducción a partir del mes de junio (5.35%) llegando a 4.89% a setiembre. Este tipo de expectativas son muy influenciadas por factores de corto plazo como por ejemplo la reducción en el precio de los combustibles. Pero también pueden empeorar muy rápidamente ante cualquier shock adverso. Por ello, es mejor analizar cómo se están comportando las expectativas de más largo plazo, para los años 2023-2024 en el caso peruano. Y estas se han desenganchado también y no dan muestras hasta el presente de haber iniciado una reducción importante y sostenida, como ya se señaló.

Según el BCRP el output gap estaría cerrándose a lo largo del presente año. Estimo que probablemente sea producto de dos efectos: a) una reducción del nivel del PBI potencial como consecuencia de los efectos de la pandemia del Coronavirus; y b) crecimiento de la demanda agregada. Esto significaría que a fines de este año o a partir del próximo ya no habría déficit de demanda agregada que remediar lo que pondría un serio condicionamiento a la política fiscal en el sentido que sus acciones deben y tienen que guardar coherencia con el esfuerzo antiinflacionario del banco central. Sin embargo, como son variables no observables es muy difícil obtener conclusiones firmes al respecto ya que tienen que ser estimadas y siempre hay un grado apreciable de incertidumbre en dichas estimaciones. De todas formas, no se observan hasta el momento presiones de gasto importantes sobre la inflación. Más aún, según datos del INEI el crecimiento marginal del PBI (desestacionalizado) fue muy bajo en el primer semestre, cercano a cero.

El BCRP ha estado utilizando desde hace 15 meses su principal instrumento de combate a la inflación, subir su tasa de interés de referencia. De 0.25% la subió hasta 7.0% al mes de octubre para provocar, directa e indirectamente, una reducción en el crecimiento de la demanda agregada aún cuando puede también ocasionar presiones por el lado de la oferta al incrementar el costo del financiamiento sobre todo para aquellos agentes económicos que lo usan intensivamente. Sabido es que mover la tasa de referencia afecta sustancialmente el tramo corto de la estructura temporal de las tasas de interés y vía expectativas, con menor intensidad, los tramos medianos y largos, aun cuando factores exógenos también ejercen cierta influencia. Pero, las decisiones de gasto (consumo e inversión) se toman principalmente en función de las tasas de más largo plazo por lo que el principal efecto de las tasas de interés en cuanto a inversión, es sobre la inversión de largo plazo que es más sensible a movimientos de las tasas de interés, tipo construcción de viviendas, bienes durables, etc. Y no tanto sobre la inversión de corto plazo que no es tan sensible a movimientos del costo del capital y si a movimientos de la tasa de depreciación. Respecto al consumo, la teoría estándar sostiene que la tasa de interés lo afecta principalmente provocando ajustes en las decisiones intertemporales de los consumidores (efecto sustitución) por lo que su efecto sería limitado dado que no contempla efecto ingreso alguno.  Pero desarrollos recientes ligados a modelos nuevos keynesianos (Hank models) desarrollan un canal alternativo ligado a los montos de liquidez que poseen los agentes económicos. Si su liquidez es escasa, tendrán una propensión marginal a consumir alta por lo que disminuciones de ingreso transitorios ocasionados por una política monetaria contractiva provocarán mayores efectos sobre el consumo, contraviniendo los postulados de la teoría del ingreso permanente que da sustento a la teoría estándar.

Desde el punto de vista financiero, las tasas de interés de corto plazo subieron apreciablemente lo que impulsó fuertemente el costo del financiamiento para las empresas y personas. Por ejemplo, según el BCRP al 12 de octubre la tasa de interés corporativa para préstamos a 360 días en soles fue de 8.68% cuando doce meses antes era de 2.58%. Por otro lado, el rendimiento de un bono del tesoro público a 10 años a las mismas fechas era 8.83% y 6.16% respectivamente, elevando también el costo de financiamiento de largo plazo para los agentes económicos. Vale decir, la política antiinflacionaria del banco central está teniendo efectos sobre las tasas de interés de corto y largo plazo elevando el costo del financiamiento para los agentes económicos. Pero este es el típico efecto inicial de la política monetaria, sobre el mercado financiero. Su segundo efecto es sobre variables reales, es decir, sobre el comportamiento de la inversión y consumo privado que es el que toma tiempo en materializarse y configura el llamado “retraso” de la política monetaria, el cual se considera largo y cambiante en el tiempo. Aquí entran en acción algunos canales adicionales como el bank lending, precios de activos (incluyendo casas) y tipo de cambio nominal (real) cuyos efectos tienen que guardar coherencia con la posición contractiva de la tasa de referencia como es el caso del tipo de cambio nominal que a la segunda semana de octubre registraba una caída anual cercana a -4%.

CONCLUSIÓN.

La inflación todavía constituye una seria amenaza a la estabilidad macro y microeconómica del país. Lograr una estabilidad de precios es fundamental para poder conseguir un crecimiento alto y sostenido de la producción, empleo e ingresos reales de la población. Sin embargo, hay que reconocer que la lucha contra la inflación produce en el corto plazo efectos indeseados sobre el comportamiento de la economía reduciendo su crecimiento o incluso provocando recesión. Pero esto no debe ser pretexto para exigir que se abandonen tales esfuerzos. La prioridad número uno es devolver la inflación actual como la core a la meta establecida por el banco central a la brevedad posible. No hacerlo hará mucho más difícil y doloroso socialmente conseguir dicha estabilidad en el futuro.

El BCRP es la institución que en lo principal conduce la política antiinflacionaria y lo hace usando una serie de instrumentos siendo el principal y más visible subir su tasa de interés de referencia para que posteriormente la estructura temporal de tasas de interés de la economía se ajuste a ella con diversas intensidades y los mercados financieros calibren los costos del  financiamiento para personas y empresas tomando en cuenta tales desarrollos,  afectando de esta manera el comportamiento del consumo e inversión privados y las exportaciones netas; en suma, afectando  el comportamiento de la demanda agregada de la economía y presionando hacia abajo la inflación. Además del efecto que produce en las expectativas de inflación, reduciéndolas y evitando que se desenganchen de la meta del banco central por mucho tiempo.

No obstante, la agresiva política antiinflacionaria instrumentada desde hace quince meses por el BCRP la inflación core sigue relativamente alta y no ha dado muestras de haber iniciado un proceso sostenido de reducción. La inflación actual si parece haber iniciado, a nivel mensual, un proceso paulatino de caída debido en lo fundamental a la reducción en el precio de los combustibles provocado por factores externos y en menor medida por una política de subsidios interna. Es prudente estimar una inflación actual para el cierre del año entre 7%- 8% y una inflación core entre 5%-6%, ambas todavía por encima de la meta del banco central.

Desde fines de 2020 hasta setiembre de 2022 la inflación actual creció en 11.5 puntos porcentuales que deben ser explicados. Considero que debe ser un riguroso estudio econométrico el que nos diga por orden de importancia cuales son los determinantes de ese crecimiento. Si embargo me atrevo, en base a un cálculo ligero, a aventurar una respuesta. Considero que son factores inflacionarios externos, combustibles, alimentos, fertilizantes, fletes, etc., los principales determinantes del aumento de la inflación generando efectos de primera vuelta (directos) como de segunda vuelta (influyendo en la inflación core). No veo factores de exceso de gasto (output gap) influyendo en forma importante en el aumento de precios, al menos hasta el presente. Las expectativas de inflación de más largo plazo no parecen estar jugando un rol determinante en la dinámica de la inflación core hasta los actuales momentos. La inflación core es superior a la inflación esperada de corto y más largo plazo generando lo que se llama “core inflation gap” y considero que tal diferencia es explicada en lo principal por los efectos de segunda vuelta generados por la inflación no core.

La política monetaria del BCRP debe seguir siendo “data dependent” aun cuando ello signifique que el uso del mecanismo “forward guidance” pierda fuerza. Estimo que la tasa de interés de referencia debe seguir subiendo en la medida que la inflación core y las expectativas de inflación no den muestras de una reducción significativa y sostenida. Se deberá esperar un tiempo prudencial antes de iniciar una reducción de la misma. Es probable que a lo largo del año 2023  la inflación core y actual regresen al rango meta del banco central debido a: i) se sentirá con mucha más intensidad los efectos contractivos de la política monetaria implementada ( por el retraso con que actúa); ii) algunos de los shocks inflacionarios externos tenderán a diluirse, caso combustibles y alimentos, fletes, fertilizantes;  iii) la situación de la economía mundial se vislumbra cercana a una recesión cuyos efectos  contribuirán a reducir el crecimiento de nuestra economía y con ello a bajar presiones inflacionarias; iv) la política fiscal del gobierno del presidente Castillo debe ser bien calibrada para que atendiendo en forma eficiente las penurias de los sectores más desprotegidos de la sociedad no vaya en contra de los esfuerzos antiinflacionarios del banco central.

Sin embargo, es preciso señalar que dado que existe una gran incertidumbre externa e interna cualquier pronóstico debe ser tomado con mucha cautela.

SOBRE LA MACROECONOMÍA DE CORTO PLAZO

JORGE GONZALEZ IZQUIERDO.

UNIVERSIDAD DEL PACIFICO.

La Economía peruana presenta en el corto plazo dos problemas de urgente solución. El primero, es el repunte experimentado por la inflación que, al mes de mayo, en términos de doce meses, llegó a 8.09% con tendencia al alza. El segundo, un lento e insuficiente crecimiento de la producción, empleo adecuado e ingresos. Son dos problemas que están ocasionando un serio deterioro del bienestar de la sociedad peruana especialmente en los sectores más desprotegidos, de menores ingresos.

INFLACIÓN.

La inflación que estamos experimentando se puede tipificar, en el corto plazo, como una inflación producida, en lo principal, por choques negativos a la oferta agregada de la economía (costos) provenientes del extranjero. El índice de precios al por mayor subió en el mismo periodo 13.72% casi el doble del registrado en el índice al consumidor. El factor principal que ocasiona la inflación es externo, es decir, la inflación que está experimentando el mundo especialmente en términos de precios de energía y alimentos. La inflación obtenida hasta el momento está por encima de la meta del BCRP (2%) y de su rango (1%-3%) y de la inflación de largo plazo estimada para el periodo 2002-2019 en 2.7% promedio anual. En realidad, el aumento de precios venía experimentándose desde 2021, año que terminó con una inflación de 6.43%, provocada en lo fundamental por una inflación mundial (derivada de los efectos de la Pandemia del Covid-19) y la devaluación del tipo de cambio nominal (10%) provocada por la inestabilidad política, social e institucional creada por el actual gobierno. La guerra Rusia- Ucrania a inicios de 2022 agudizó la elevación de precios de la energía, alimentos (trigo, maíz, soya) y fertilizantes, provocando un repunte mayor de la inflación aún cuando el tipo de cambio registró una caída apreciable de alrededor de -7% desde fines de diciembre 2021 hasta el momento de escribir este artículo, principios de junio 2022, atenuando en algo el impacto inflacionario proveniente del exterior. La inflación de alimentos llegó a 13.3% y la de transportes, que refleja precios de combustibles que ya están comenzando a sentir los efectos de las medidas tomadas por el gobierno para atenuarlos, a 10.6% golpeando duramente el bienestar de los sectores de bajos ingresos que son los que dedican una mayor proporción de sus ingresos a dichos rubros.

La inflación core, que elimina los movimientos de precios de alimentos y energía por ser muy volátiles llegó a 4.3% al mes de mayo experimentando una tendencia alcista desde 2021 y sobrepasando desde diciembre de dicho año el límite superior del rango meta (3.2%). Se considera que la inflación core es un mejor indicador que la inflación actual del desempeño futuro de la misma; en la medida que siga subiendo presentará un problema mayor para el banco central. También se estima que es un factor que indica que la inflación se está “esparciendo” al resto de bienes y servicios al reflejar presiones de demanda, y que las expectativas de inflación se están deteriorando. Preocupa la inflación core del mes de mayo que alcanzó 0.60% (0.45% el mes anterior) que en términos anualizados estaría dando una inflación de alrededor de 8%. Es un indicador de la influencia todavía menor pero creciente de presiones de gasto sobre la inflación que creo se podrían acentuar a partir segundo semestre del año por los retiros programados de fondos de AFPs y CTS que tendrán lugar en dicho periodo.

Las expectativas de inflación juegan un rol fundamental en la dinámica de la inflación y en el diseño de la política monetaria. Con una Curva de Phillips Precio relativamente echada las expectativas de inflación adquieren importancia medular en la dinámica de la inflación ya que la brecha producto pierde momentum. Hay que distinguir entre expectativas de corto y más largo plazo. Las que son más relevantes para el comportamiento de la inflación son las expectativas de más largo plazo aun cuando a las de corto plazo (12 meses) no hay que perderle paso dado que influyen sobre las primeras. Si las expectativas de más largo plazo permanecen ancladas con la meta de inflación es una buena noticia ya que el mensaje que se da es que los agentes económicos confían en que el banco central hará lo necesario para retornar la inflación a su meta no importando que la inflación actual esté bien por encima de ella. Si por el contrario las expectativas se desenganchan, entonces una inflación transitoria se convertirá en permanente y con una Curva de Phillips Precio relativamente echada le será muy costoso al banco central, en términos de desempleo generado, reducir inflación además de provocar riesgos financieros. Desde el punto de vista del mercado monetario, cuando las expectativas inflacionarias aumentan la cantidad demandada de dinero disminuye y dada la oferta monetaria se producirá un exceso de oferta de dinero que presionaría gasto y eventualmente precios; por ello, tal exceso deberá ser removido por el banco central.  ¿Y cómo nos está yendo al respecto? Con información al mes de mayo las expectativas de corto plazo están en 4.89%, por encima de la meta y las de más largo plazo (2 años) entre 3%-3.8%, por encima del límite superior del rango meta (3%). Ambas han venido subiendo a lo largo del tiempo. No son buenas noticias. Por ello, el banco central ha estado endureciendo su política monetaria en los últimos ocho meses subiendo agresivamente la tasa de interés de referencia de 0.25% a 5.0% a mayo, junto a otras medidas como aumentos de encajes bancarios en soles. Considero que la política monetaria ha pasado de una posición expansiva a una contractiva en la actualidad, básicamente por dos razones: a) si estimamos la tasa de referencia del banco central  en términos reales, descontando a la tasa nominal la inflación esperada de más largo plazo nos da a mayo una tasa real de alrededor de 1.5%; si en junio la suben por ejemplo a 5.5%, la tasa real será de alrededor de 2%; y b) la tasa neutral de política monetaria que si bien nadie conoce con certeza por ser la tasa natural de interés una variable no observable, estimo  debe estar alrededor de 3% resultado de  una meta de inflación de 2% más una tasa natural de interés de alrededor de 1%. Con una tasa nominal de referencia actual de 5.0% se estaría por encima de la neutral configurando así una posición contractiva para la política monetaria. La teoría económica y la experiencia mundial señalan claramente que si se quiere regresar la inflación a su meta la tasa de interés real debe subir apreciablemente tanto en el tramo corto como sobre todo en el largo de la estructura temporal de tasas de interés dado que las decisiones de consumo e inversión, por ser decisiones intertemporales, se toman principalmente en función de estas últimas.  Por esto, es muy importante que el BCRP mande señales claras de que seguirá subiendo su tasa de referencia todo el tiempo que sea necesario según lo vaya exigiendo la nueva data que ingrese.

Si bien es cierto que la tarea principal de vencer la inflación le corresponde al banco central (política monetaria), es el gobierno del presidente Castillo a través de la política fiscal quien debe implementar medidas de carácter temporal destinadas a producir alivio a los sectores más golpeados por la inflación. El gobierno decidió utilizar subsidios y principalmente rebajas de impuestos indirectos con tal fin. Considero que no son las medidas más apropiadas por la siguientes razones: a) provocar disminución de precios evita que cambios en precios relativos hagan su trabajo sobre la cantidad demandada y/o ofertada disminuyendo la primera y aumentando la segunda; b) adolecen de adecuada focalización lo que en un contexto de recursos fiscales relativamente escasos constituye una mala asignación de ellos;  y c) dependiendo de la estructura del mercado (canales de comercialización) y de la elasticidad de las curvas de oferta y demanda de cada mercado (producto) la rebaja de precios al consumidor final podría ser marginal. Considero que transferencias monetarias de tipo lump-sum focalizadas en sectores de menores ingresos constituyen una mejor alternativa dado que no alteran los precios marginales ni tampoco reducen incentivos para disminuir demanda y aumentar oferta.

PRODUCCIÓN, EMPLEO E INGRESOS.

En el contexto de la Pandemia del Coronavirus-19 uno de los objetivos principales de política económica debe ser minimizar los daños a la estructura productiva (PBI potencial) para que una vez que se vuelva a la normalidad tanto el PBI como el empleo e ingresos regresen a un nivel proyectado pre-pandemia o a un nivel lo más cerca posible. Las medidas de política monetaria y fiscal (en menor medida) que se tomaron desde 2020 estuvieron orientadas, entre otros objetivos, a tratar de conseguir dicha minimización, pero los rebrotes y la aparición de nuevas variantes del Covid-19 y problemas en el diseño y en la calidad de la ejecución de algunas políticas, sobre todo fiscales, condicionaron sus resultados. Después de todo, los efectos de la Pandemia Covid-19 sobre el PBI potencial dependerá de la gravedad y duración de la contracción económica ya que puede aparecer el fenómeno de hysterisis y esto a su vez dependerá de los efectos contracÍclicos de la política económica de corto plazo implementada ya que con ella lo que se busca es justamente limitar la profundidad de la contracción. Por los resultados hasta el momento en materia de producción, empleo e ingresos que analizaremos más adelante es probable que se haya visto afectado el PBI potencial. Una recuperación económica sostenible sólo será alcanzable cuando pongamos bajo control a la Pandemia Covid-19.  Con estos conceptos en mente, pasemos a revisar algunos desarrollos macroeconómicos de corto plazo.

Después de una caída de -11% en el 2020, se experimentó un fuerte crecimiento de 13.3% en 2021 provocado por factores internos y externos. Respecto a los primeros, se encuentra un importante efecto estadístico, los avances en vacunación, la reapertura gradual de la actividad productiva, la política fiscal y sobre todo monetaria expansiva (de soporte), pent-up ahorros del sector privado que según el BCRP llevó a un exceso estimado en 9.6% PBI en el 2020 que junto a retiros de fondos de CTS y AFP terminaron financiando gasto a lo largo del 2021. Respecto a los segundos, se encuentran el fuerte crecimiento de la economía mundial (5.5%), mejora importante de los Términos de Intercambio estimado por el banco central en 11.8%, y condiciones financieras externas favorables. Sin embargo, el 2022 no luce tan bien. Considero que el crecimiento para este año estaría alrededor de 3% que incluye todavía un cierto efecto estadístico sobre todo en los meses de enero y febrero ya que para dichos meses el crecimiento fue negativo en el año 2021, -0.98% y – 4.18% respectivamente, debido a las medidas restrictivas que se tuvieron que tomar por la llegada de una nueva ola del Coronavirus- 19. Con cifras interanuales el crecimiento de enero 2022 fue 2.86%, de febrero 4.92% y el de marzo 3.79% dando para el primer trimestre del año un crecimiento promedio de 3.84%, relativamente alto. Sin embargo, con cifras desestacionalizadas (INEI) el crecimiento de enero 2022 frente a diciembre 2021 fue de 1.44%, febrero frente a enero de este año de 0.03% y marzo frente a febrero -1.31%, crecimientos relativamente modestos que dan una mejor idea del dinamismo del crecimiento actual que las cifras interanuales. Tomando en cuenta lo analizado es probable que el crecimiento para el 2022 esté por debajo del 3%.

El bajo crecimiento planteado para este año sería resultado de los siguientes factores: a) el PBI regresó a su nivel pre-pandemia (fines 2019) aun cuando todavía está por debajo de la proyección pre-pandemia (existencia de un output gap negativo) ; b) menor crecimiento de la economía mundial estimado en 3.2% por el Banco Mundial, especialmente de China; c) caída de los Términos de Intercambio estimado por el BCRP en -1.4%; d) política fiscal y sobre todo monetaria contractiva; e) la variante Omicron; f) condiciones financieras nacionales e internacionales adversas;  g) repunte de la inflación; y h) reducción drástica de pent-up ahorros del sector privado.  Sin considerar probables empeoramientos de la incertidumbre política, social e institucional que dejarían inválidos los estimados realizados.

Si utilizamos el modelo macro de Oferta y Demanda Agregada, OA-DA, concluiríamos que los choques que golpean la OA están produciendo elevación de la inflación y un impacto contractivo sobre el crecimiento de la economía. El banco central que sigue un framework de inflation targeting responde con medidas que afectan negativamente la DA produciendo una caída en la inflación, pero acentuando el efecto negativo sobre el crecimiento. La política fiscal por su lado está en una posición contractiva, como la política monetaria, lo que tendría alguna racionalidad si el gasto privado interno creciera vigorosamente. Pero no es así. Queda entonces la esperanza de que un impulso importante provenga del exterior, pero tampoco sería posible dado que la economía mundial, especialmente China, tendrá una reducción importante en su crecimiento y los Términos de Intercambio nos serán desfavorables al igual que las condiciones financieras mundiales. La conclusión es que según este modelo no existirían fuentes de crecimiento importantes de corto plazo como para producir un crecimiento de la producción y empleo relativamente alto este año y el siguiente. Pero hay algo que pudiera cambiar lo analizado y es que en un tiempo relativamente corto se concreten los retiros por concepto de FONAVI, el sexto retiro de AFP y de CTS que según estimados del propio gobierno (MEF) con el primero se estaría poniendo en manos de las familias 42,000 millones de soles y según la Asociación de AFPs con el segundo se estaría inyectando alrededor de 30,000 millones de soles a las familias. Dependiendo cómo se financien esos retiros y cómo se gasten  el efecto macro podría ser negativo ya que si por un lado y para el corto plazo podría expandir el gasto privado sobre todo consumo y así estimular crecimiento, por otro lado podría crear presiones inflacionarias adicionales a las existentes, disminuir el ahorro nacional especialmente de largo plazo con lo que se afectaría el financiamiento de largo aliento y  la magnitud del mercado de capitales, afectar la cuenta corriente de la balanza de pagos  y crear potenciales riesgos financieros.

Por el lado del empleo, los últimos desarrollos muestran que todavía no hemos podido recuperar los niveles pre-pandemia. Según el INEI, en su último reporte de fines de abril, para el trimestre móvil enero-marzo y sólo para el caso de Lima el empleo adecuado registró un déficit de 340000 puestos de trabajo respecto a similar periodo de 2019 y de 219000 respecto al de 2020 y el subempleo registró un aumento continuo desde 2020 llegando a 2.2 millones de personas en el 2022 significando un aumento de 432000 personas respecto a 2019, principalmente en la modalidad de subempleo por ingresos.  En cierto sentido, se está dando una recuperación de la producción con menor creación de empleo. ¿Por qué? Porque la Pandemia Covid-19 originó un choque de reconversión en la economía con algunas actividades que se encogieron o desaparecieron y otras que emergieron movilizando recursos (mano de obra) de las primeras hacia las segundas. Pero en el proceso mucho capital humano específico cayó en desempleo de tipo estructural (largo plazo) al no poder reconvertirse rápidamente. Por otro lado, la Pandemia del Coronavirus aceleró la llegada de la Cuarta Revolución Industrial al país con la inteligencia artificial, automatización de procesos y robotización originando tres tipos de efectos sobre el empleo: a) desempleo en aquellas actividades fáciles de reemplazar por máquinas o procesos lógicos; b) creación de empleos complementarios; y c) creación de empleos con nuevas habilidades exigidas por las innovaciones tecnológicas. Mientras los efectos (b) y (c) se sentirán en el mediano y largo plazo porque exigen formación de nuevo capital humano, el efecto (a) se siente en el corto plazo. Además, los sectores intensivos en el uso de mano de obra como servicios (turismo) no recuperan todavía sus niveles de actividad pre-pandemia. Por el lado de la distribución del ingreso, la automatización en particular tendrá un impacto negativo aumentando la desigualdad porque reemplazará sobre todo a mano de obra de baja calificación (productividad).

En cuanto a ingresos, prefiero trabajar con el concepto de PBI per-cápita en términos reales por ser un indicador del bienestar de la sociedad. Según el BCRP el PBI per-cápita del Perú, en soles de 2007, fue de 17011 para el 2019. Con la Pandemia del Coronavirus 19 cayó a 14918 soles en el 2020. Y subió a 16687 soles en el 2021. Es decir, si bien registró una recuperación todavía no regresó a su nivel pre-pandemia.

Resumiendo, en términos de PBI a mediados de 2021 se recuperó el nivel pre-pandemia aun cuando esconde algunas disparidades porque hay sectores ligados al sector servicios que todavía no lo han hecho, caso turismo. En cambio, en términos de empleo adecuado y PBI per-cápita todavía no se ha conseguido ese objetivo. Podría afirmar entonces, que seguimos, básicamente, en una fase de recuperación. 

CONCLUSIÓN.

La inflación relativamente alta que estamos experimentando, sobre todo de alimentos y energía, el insuficiente crecimiento de la economía nacional, las expectativas deterioradas de los agentes económicos internos y externos por la incertidumbre que está viviendo el país, impone dos retos urgentes a la política económica de corto plazo:

1)     ¿Qué hacer para aliviar la caída en el ingreso real de gruesos sectores de la población sobre todo de los más vulnerables?

      La política monetaria tiene poco o nada que hacer al respecto. Le corresponde a la política fiscal asumir este reto. Y en ese sentido se deben atender dos cuestiones: a) ¿se quiere proteger al comprador o al productor? Considero que si se desea ayudar al comprador, sea consumidor o empresa, es mejor usar transferencias monetarias de tipo lump-sum focalizadas que subsidios directos o impuestos sin focalizar como ya hemos analizado; b) como ello significaría aumentar el gasto surge el problema de cómo debe financiarse, con más impuestos, deuda o reasignando gasto? Estimo que lo adecuado sería reasignar gasto de dudosa productividad. Si no fuera posible o insuficiente, sería mejor utilizar la opción deuda debido a las siguientes razones: i) la naturaleza transitoria del gasto; ii) todavía los costos de endeudamiento en términos reales están relativamente bajos; iii) la inflación relativamente alta; iv) existe espacio fiscal; v) aumentos de impuestos tienen impacto recesivo en el corto plazo y distorsionador en el largo plazo afectando el crecimiento potencial.

     La política fiscal debe todavía dar soporte a la recuperación de la economía y proteger a los sectores más vulnerables pero una vez que se ha conseguido poner a la economía en un sendero sostenido de crecimiento, se debe dar claras muestras de entrar a un proceso de consolidación fiscal y reconstrucción de las defensas fiscales. Regresar a las reglas fiscales debe ser una carrera de maratón no un sprint de cien metros. Hay que tener en cuenta que la única manera de alcanzar una sólida posición fiscal de largo plazo es generar, primero, una sólida economía.

2)     ¿Cómo controlar la inflación?

Considero que si bien el mandato del BCRP es alcanzar y mantener la estabilidad de precios no debe estar totalmente fuera de su consideración el comportamiento de variables reales en el corto plazo. Hemos visto que es probable que la demanda agregada tenga un insuficiente crecimiento, sobre todo la interna, por la caída en el ingreso real de amplios sectores con alta propensión marginal a consumir (menores ingresos), débil o nulo crecimiento de la inversión privada, crecimiento de la economía mundial relativamente débil, política fiscal y sobre todo monetaria contractivas y condiciones financieras desfavorables. Esto impone dos consideraciones: a) evitar que las expectativas inflacionarias se desenganchen en forma apreciable de la meta impuesta por el banco central lo que indica que la autoridad monetaria suba su tasa de política con la esperanza que ello ocasione aumentos en las tasas cortas y largas de la estructura temporal de tasas de interés y así afectar el gasto agregado de la economía, rebajar las presiones inflacionarias y mejorar expectativas; y  b) el comportamiento insuficiente de la demanda agregada no sólo por efecto de la política monetaria sino por otros factores ya analizados indicaría que la tasa de referencia no suba o no lo haga agresivamente. La política fiscal podría ayudar a aminorar esta contradicción realizando transferencias monetarias a los sectores más necesitados y vulnerables.

Mi opinión es que el considerando (a) es el que debe primar en el diseño de la política monetaria actual y exigir que la política fiscal haga un mejor trabajo. Ello en virtud que la inflación es el peor impuesto que puede recaer sobre una sociedad, en especial para los pobres, y si las expectativas suben en demasía, devolver la inflación a su meta costará mucho en términos de desempleo y costo social. Por otro lado, desde el punto de vista de la teoría económica una Curva de Phillips Precio relativamente echada reduce el rol de la demanda agregada e incrementa el rol de las expectativas en el control de la inflación. Finalmente, debe quedar muy claro que la estabilidad de precios es esencial para alcanzar el máximo empleo posible.

Pero, es válido preguntarse cómo luce el futuro inmediato?  Aunque con tanta incertidumbre es difícil hacer proyecciones me arriesgaré a hacer algunas precisiones. Es probable que conforme pase el tiempo vayan disminuyendo o desapareciendo los shocks adversos que han estado afectando la Oferta Agregada de la economía, sobre todo externos, facilitando el control de la inflación y contribuyendo a una mayor expansión de la economía. Por el lado de la Demanda Agregada, la relativamente alta inflación que disminuye el ingreso real del sector privado y su gasto sumado a una política económica de corto plazo contractiva y a unos términos de intercambio que registran una variación negativa para este año apuntan a que la Demanda Agregada contraiga su crecimiento y con ello contribuya a reducir la inflación, pero afectando el dinamismo de la producción y empleo. Esto podría ser contrarrestado, al menos parcialmente, por los retiros de fondos señalados que pondrían en manos del sector privado el equivalente a por lo menos cuatro puntos porcentuales del PBI aun cuando su efecto final dependerá de su financiamiento y estructura de gasto. Quizá esto condicione el comportamiento de la política monetaria.

SOBRE LA INFLACION RECIENTE

JORGE GONZALEZ IZQUIERDO.

UNIVERSIDAD DEL PACIFICO.

Las cifras de inflación obtenidas para el mes de agosto han despertado preocupación en los agentes económicos y en las altas esferas del sector público. En dicho mes la inflación alcanzó  0.98%  y en términos de doce meses 4.95%,  claramente por encima de la meta de inflación de 2% anual establecida por el banco central e incluso de su límite superior de 3%. El banco central reaccionó modificando su política monetaria, aumentando en 75 puntos básicos su tasa de referencia y elevando encajes bancarios, dejando abierta la posibilidad de reajustes posteriores. ¿Será que estamos experimentando un verdadero proceso inflacionario? o ¿se trata sólo de impactos inflacionarios de corta duración provocados por shocks exógenos transitorios de oferta, internos y externos? En las líneas que siguen trataremos de dar una respuesta.

La inflación, propiamente definida, debe entenderse  como un proceso en el que el nivel general de precios sube sostenidamente por un tiempo considerable. Este proceso exige que todos los precios de bienes y servicios que conforman la canasta de medición relevante suban a un ritmo más o menos similar. Por otro lado, es importante distinguir entre inflación y aceleración de la inflación para tener claridad sobre los factores que las están causando; en términos más rigurosos hay que distinguir entre la primera derivada del nivel general de precios y la segunda derivada que  marca tendencia.

Hoy día, existen dos teorías generalmente aceptadas para explicar la inflación y  su dinámica: la Teoría Cuantitativa y la Curva de Phillips. La primera sirve para explicar los factores determinantes de la inflación en el largo plazo y guarda concordancia con el concepto de neutralidad del dinero; para periodos más cortos de tiempo, su uso presenta limitaciones. La segunda, se usa en la explicación de procesos inflacionarios de corto plazo más aún cuando modelos modernos la han modificado incorporando shocks transitorios de oferta; es decir, para periodos cortos de tiempo, la inflación puede ser explicada por shocks de demanda y/o  de oferta que pueden ser internos y/o externos a la economía. Sin embargo, la Pandemia producida por  el Covid-19 ha impuesto un novedoso reto a la política monetaria en materia de inflación. Sucede que la Pandemia ocasionó shocks asimétricos en la economía al crear restricciones de oferta y demanda de distinta intensidad a sectores  de alto riesgo de contagio como comercio y servicios (turismo por ejemplo) y a aquellos de menor riesgo relativo de contagio. En los primeros creó condiciones para una contracción y en los segundos para una expansión, provocando un shock  de reasignación de recursos productivos, trabajo y capital, desde los primeros hacia los segundos. En los sectores del primer tipo tendrían que bajar los salarios y precios y en los del segundo tipo subir, para evitar masivo desempleo sobre todo de tipo estructural. Como existen rigideces a la baja en salarios y precios y la movilidad de recursos sobre todo de mano de obra es costosa, en los primeros tenderá a producirse desempleo y en los segundos, inflación. Es decir, se estaría experimentando una situación de inflación con desempleo a la vez. Pero la inflación producida no es provocada por los típicos factores de oferta como inflación importada, devaluación, clima adverso, etc.,  sino por la asimetría del shock y la presencia de imperfecciones en los mercados. Esta inflación no debiera de ser combatida por la política monetaria porque es la forma como se viabiliza el ajuste de precios relativos que necesita la economía para facilitar el proceso de reasignación de recursos y  evitar así masivo y duradero desempleo. ¿Será este tipo de inflación el que estamos experimentando? Lo analizaremos a continuación.

Debemos distinguir entre tres indicadores de inflación: inflación actual, inflación core e inflación tendencial. La primera, es la que reporta el INEI todos los meses. La segunda, es la inflación actual neteada de  variación de precios en los rubros  Alimentos y Energía por ser muy volátiles, y se considera que es un mejor indicador que la inflación actual de la evolución a mediano plazo de la misma porque refleja la actuación de factores más estables. La inflación core tiende a fluctuar alrededor de una tendencia de largo plazo (inflación tendencial) en la medida que ésta sea estable. La inflación actual refleja movimientos en la inflación core  y cambios transitorios en los precios de alimentos y energía.

¿Qué determina el comportamiento de la inflación? Las nuevas versiones de la Curva de Phillips señalan que la inflación es provocada, en lo esencial, por las expectativas de inflación de los agentes económicos, por la intensidad con que se utilizan los recursos productivos, es decir, el output o unemployment gap, y  por la evolución de costos de producción que pueden estar sujetos a shocks no anticipados provenientes del extranjero como inflación importada y/o internamente como devaluación del tipo de cambio nominal (real), fenómeno de El Niño, etc.; en algunas versiones se incorpora el factor persistencia. Este modelo postula, para explicar la dinámica de la inflación,  que los efectos sobre la inflación de cambios en la utilización de recursos, precios de productos importados, devaluación u otros factores, dependerá de cómo tales cambios afecten las expectativas de inflación de largo plazo de los agentes económicos. Si las expectativas no están bien ancladas con la inflación meta del banco central, cambios temporales, transitorios de precios terminarán provocando un aumento permanente en la inflación ya que la inflación subirá y se quedará allí dado que la inflación esperada también lo hará. En cambio, si las expectativas están bien ancladas tales cambios afectarán transitoriamente a la inflación y cuando desaparezcan, la inflación regresará a su tendencia previa. Si se establece que la Curva de Phillips está  “echada”, como parece ser nuestro caso, las expectativas de inflación crecen en importancia a la hora de explicar inflación ya que el output o unemployment gap pierde poder explicativo y el factor persistencia también en la medida que las expectativas de largo plazo estén ancladas en la meta del banco central.

Con esta teoría en mente, revisemos algunas características de la inflación en el país. La inflación promedio anual para el periodo 2002 - 2020 es 2.7%, periodo en el cual se adoptó como framework para la política monetaria el  inflation targeting y la Regla de Taylor; considero que es una proxy razonable de la inflación tendencial. Cabe señalar que a partir de 2017 la economía peruana empezó a experimentar un proceso de relativa baja inflación registrando una inflación actual promedio anual de 1.8% para el periodo 2017 - 2020 y de 2.1% para la core inflation. En este periodo los shocks de oferta transitorios internos y externos jugaron a favor del consumidor final  ya que disminuyeron la inflación relevante para ellos.

Pasemos ahora a revisar  la experiencia reciente de la inflación. Si tomamos el periodo agosto 2020 - agosto 2021 veremos que la inflación actual promedio mensual fue 0.36%. Sin embargo, se nota claramente que desde abril hasta agosto 2021 la inflación se aceleró apreciablemente dado que la inflación promedio mensual subió a 0.53%, superior al promedio de todo el periodo y a la del periodo inmediato anterior, agosto 2020 - marzo 2021, que fue de 0.26%. Esta tendencia se confirma si trabajamos con la inflación core para el mismo lapso de tiempo. La inflación core promedio mensual para todo el periodo fue de 0.19%, mientras que la relevante para abril - agosto 2021 fue 0.22% y la de agosto 2020 - marzo 2021 de 0.17%; la aceleración de la inflación core podría estar reflejando un deterioro de  expectativas. Es necesario precisar que la inflación en el periodo considerado es explicada, en lo principal,  por lo ocurrido a los precios de sólo tres categorías de bienes y servicios de las ocho que conforman la canasta con la que trabaja el INEI; a saber : alquiler de vivienda, combustibles y electricidad; alimentos y bebidas; y transportes y comunicaciones, al registrar al mes de agosto una inflación de doce meses de 10.92%, 6.11% y 5.69% respectivamente, muy por encima de los incrementos experimentados por las cinco categorías restantes que no sobrepasaron el 2.73%. Esto ya nos estaría indicando que no se trataría de un proceso inflacionario estándar ( por demanda) en el que todos los precios suben a un ritmo más o menos similar sino de una inflación producida por cambios de precios relativos ante presencia de rigideces a la baja de precios. Lo preocupante es que la inflación esperada a doce meses también registró aumentos significativos en el periodo bajo análisis. De abril a mayo subió 4%; de mayo a junio 8%; de junio a julio 16%; y de julio a agosto 1.3%, pasando de 2.3% a 3.07% (33% de incremento) entre el inicio y final del periodo, según estimados del BCRP. No se estaría dando el llamado “shock anchoring” puesto que ante shocks de oferta transitorios las expectativas de inflación se desengancharon de la meta establecida por el banco central. Pero,  se estaría dando, hasta el momento, el “level anchoring” ya que tales shocks no han provocado que las expectativas a 2 y 3 años se despeguen del rango meta del banco central, según información del BCRP.

La pregunta que surge es: ¿qué está causando este comportamiento de la inflación? Si analizamos las tres categorías de bienes y servicios mencionadas como responsables de la inflación vemos que ítems relacionados a combustibles y electricidad; alimentos; y  transportes, son los culpables, en lo principal, de dicha dinámica; me refiero por ejemplo a gas por red para vivienda,  GLP doméstico, precios públicos como luz y agua, carnes (pollo), pan, fideos, frutas, hortalizas, gasolinas, petróleo diesel, pasajes aéreos, fletes de carga (nacional e internacional), etc. todos ellos afectados directa e indirectamente por el comportamiento de los precios internacionales de alimentos que importamos como maíz, trigo, aceite de soya;  petróleo y combustibles; fertilizantes; que han venido registrando aumentos apreciables desde el  segundo semestre del año pasado aun cuando a partir de mayo de este año, para el caso de alimentos, registraron caídas en sus precios con repuntes posteriores, después de 30 o 60 días,  en el caso del  aceite de soya, maíz, trigo . Estos aumentos de precios demoran entre 5 a 8 meses para hacer sentir sus efectos sobre los precios al consumidor final.  Sin embargo, sostener que con ello basta para explicar la inflación y su dinámica sería cometer un error conceptual muy grave. Operan también factores domésticos como la devaluación nominal  del tipo de cambio y las expectativas de inflación. La devaluación nominal influye en la inflación vía tres canales: a) directo, a través de su impacto sobre los bienes y servicios importados; b) indirecto, a través de su impacto sobre las expectativas inflacionarias; y c) provocando cambios relativos de demanda hacia sectores no transables vía elevación del tipo de cambio real. La demora en hacer sentir sus efectos sobre los precios al consumidor final es bastante menor al de los precios internacionales por lo que adquiere mayor relevancia a la hora de explicar la aceleración de la inflación. Trabajando con data del banco central a fines de agosto del presente año, la devaluación nominal en los últimos 12 meses fue 15% y desde fines de febrero 11.8%,  mes a partir del cual se nota una aceleración en el aumento del tipo de cambio. Nótese que tanto para la inflación, expectativas de inflación y tipo de cambio, se aprecia una aceleración desde fines del primer trimestre, periodo que coincide con el inicio del proceso de elecciones de primera y segunda vuelta que tuvimos y de la llegada al poder del nuevo gobierno.

El modelo teórico que estamos usando nos permite establecer causalidad y ésta va desde inflación externa, devaluación y expectativas hacia inflación lo que nos permite sostener que son  básicamente shocks de oferta externos e internos los que están provocando la inflación y su aceleración. Vamos a centrarnos en la devaluación y expectativas.

Lo que está sucediendo con el  tipo de cambio en los últimos meses  lo podemos enmarcar dentro de la teoría del ajuste de portafolio financiero, provocado por cambios en expectativas  que  se forman en base a información nueva de tipo política, económica, social e institucional que llega. La aceleración en el aumento del tipo de cambio que hemos observado no tiene que ver con el movimiento de sus factores reales fundamentales. Más bien, estos señalarían que el nivel del tipo de cambio de equilibrio debiera de estar por debajo de su nivel actual, básicamente por el desenvolvimiento de las cuentas externas hasta el pasado reciente. Pienso que lo que está gobernando la dinámica del tipo de cambio tiene que ver con un típico reajuste de portafolio financiero guiado por un deterioro de expectativas de los agentes económicos nacionales y extranjeros que derivó en la formación de una burbuja financiera (cambiaria). La teoría dice que, básicamente, son tres los factores que determinan la existencia de una burbuja: a) que el activo en cuestión sea fácilmente vendible y comprable, es decir, comerciable; b) que exista liquidez en el mercado y sobre todo crédito a tasas relativamente bajas; y c) presente un comportamiento especulativo, vale decir, que la compra del activo sea incentivado por expectativas de un aumento en su precio en el futuro. Pienso que el activo en nuestro caso cumple con los tres requisitos. Además, se han identificado dos factores básicos que causan las burbujas financieras: innovación tecnológica y políticas de gobierno (o expectativas acerca de ella). En nuestro caso, sostengo que fue la gran incertidumbre política, económica e institucional que empezamos a vivir con intensidad creciente después de la primera vuelta electoral el principal driver del aumento en el tipo de cambio ya que un incremento temporal en el precio de nuestras exportaciones (cobre) y de la inflación externa apuntan más bien a provocar una reducción del tipo de cambio nominal. Las presiones alcistas sobre el tipo de cambio e inflación que provoquen salidas de capital, producto de un  ajuste de portafolio, será un problema manejable en la medida que el inflation targeting se combine con expectativas inflacionarias de largo plazo bien ancladas en la meta del banco central. Por consiguiente, es muy importante seguir analizando el comportamiento de las expectativas de inflación.

Las expectativas de inflación de los agentes económicos nacionales y extranjeros juegan un rol crucial en la dinámica de la inflación, como ya lo hemos comentado,  y en la transmisión de la política monetaria a la macroeconomía como lo establece claramente el marco conceptual que estamos usando. Las expectativas de corto plazo parecen haberse desenganchado de la meta establecida por el banco central como ya lo hemos visto. Pero las de mediano plazo, hasta el momento, siguen ancladas en dicha meta y estas son las que tienen mayor relevancia para el proceso. En la medida que siga esta situación, lo que suceda con la inflación externa o con la devaluación tendrá efectos menores sobre las expectativas de inflación  de mediano y largo plazo y  con ello la aceleración de la inflación que se experimente será transitoria. Pero ese anclaje no es gratis. Se tiene que generar y consolidar con políticas económicas, de gobierno e institucionales  sensatas que den confianza, tranquilidad y esperanza a los agentes económicos. Sería peligroso que las expectativas de mediano y largo plazo se desenganchen de la meta del banco central porque reducir inflación en ese contexto generaría un alto costo social.

CONCLUSION.

La inflación que estamos experimentando es causada por shocks de oferta externos e internos mayormente transitorios. La aceleración registrada desde el mes de abril está principalmente determinada por la devaluación del tipo de cambio y por las expectativas inflacionarias. Ambas variables, si bien interactúan, tienen como principal driver a la incertidumbre política, económica e institucional que está viviendo el país. Que los shock de oferta internos  sean transitorios o duren un tiempo perjudicialmente mayor dependerá del empeoramiento, continuidad o reducción de dicha incertidumbre. De no tomarse las acciones apropiadas en el campo político, económico e institucional que reduzca sustancialmente la incertidumbre señalada, se obligará a los hacedores de política económica, fiscal y monetaria, a tomar las medidas correspondientes que podrían terminar provocando un corte en el proceso de recuperación y expansión de la economía, empleo e ingresos con el consiguiente empeoramiento del bienestar de amplios sectores de la sociedad, especialmente los más vulnerables; además de afectar directamente la dinámica del gasto privado, especialmente de la inversión real.

SOBRE LA COYUNTURA ECONÓMICA

JORGE GONZALEZ IZQUIERDO.

UNIVERSIDAD DEL PACIFICO.

Desde que se tomaron las primeras medidas de corte sanitario para combatir la llegada de la pandemia del coronavirus han transcurrido  17 meses, tiempo prudencial para realizar una evaluación preliminar de su impacto macroeconómico.

Trabajaré con  estimados del INEI sobre la evolución mensual del PBI en términos desestacionalizados para el periodo Nov. 2019-Mayo 2021 y generaré el siguiente gráfico que nos ayudará a entender la dinámica del proceso.

Considero que es importante distinguir dos fases en el comportamiento de la economía durante y después de la llegada de la pandemia: a) la primera, que  llamaré emergencia-recuperación; y b) la segunda, reactivación o expansión. Cuando el gobierno de turno enfrentó la llegada de la pandemia a partir del 16 de marzo de 2020, decretó un conjunto de medidas de corte sanitario de las que rescato tres por los efectos que produjo sobre la economía: distanciamiento social, cuarentena casi total y cierre de fronteras nacional e internacional. Como consecuencia de ellas, la economía entró en una fase de emergencia porque la producción, empleo e ingresos registraron una súbita y pronunciada caída; duró dos meses, marzo y abril. Desde un punto de vista riguroso, la economía experimentó un shock de oferta negativo; no sólo se afectó el PBI actual sino también el potencial. La política económica, fiscal y monetaria, que se implementó tuvo como objetivo evitar quiebras masivas de empresas, disminución sustancial de ingresos de gruesos sectores de la población, colapso de la salud pública y que el sector financiero entrara en problemas con el riesgo de provocar un credit-crunch; es decir, fue una política que tuvo como objetivo llevar alivio a las empresas y familias afectadas y no tanto provocar estímulo sobre la demanda agregada interna. Pero a partir del mes de mayo el gobierno empezó a reabrir progresivamente la economía  diseñando un plan de cuatro fases que originalmente iba de mayo a agosto. Se entró a una etapa de recuperación porque el PBI comenzó a crecer como consecuencia de la reapertura per-se  y en menor medida por las medidas de soporte que se siguieron haciendo. La recuperación estuvo determinada en lo fundamental por el comportamiento de la oferta agregada condicionada por el rebrote de la pandemia. . Esta fase duró hasta el mes de mayo de 2021 como se aprecia en el gráfico dado que en ese mes el PBI regresó a su nivel pre-pandemia (noviembre 2019). Si el PBI siguiera creciendo, superaría el nivel pre-pandemia y estaría en la siguiente fase, la de reactivación o expansión donde el  crecimiento del PBI estaría determinado principalmente por el dinamismo de la demanda agregada, dada la existencia de imperfecciones de diversa naturaleza en los  mercados de la economía ( competencia monopolista por ejemplo). En esta fase se necesitarían medidas de estímulo tanto fiscal como monetarias para que junto con el avance en el  proceso de vacunación  alcanzar a la brevedad posible la inmunidad de rebaño y promover así que el gasto privado alcance un ritmo de crecimiento adecuado y sostenido, el que estará solventado por la existencia de una pent-up demanda resultado del fuerte incremento del ahorro privado como consecuencia de las limitaciones al gasto privado impuestas por  la pandemia, por un efecto “retiro” derivado del acceso a cuentas de CTS y AFP, por acceso a tasas reales de interés  relativamente bajas y por una  recuperación paulatina del ingreso. . Esta fase continuará hasta que el output gap negativo estimado por el BCRP  en 6,6% del PBI tendencial para este año y en 4.7% para el 2022  se reduzca hasta niveles compatibles con la desaparición del déficit de demanda agregada.

Sin embargo, también hay que mirar el comportamiento de otra variable tan o más importante que el PBI; me refiero al empleo, sobre todo el adecuadamente productivo según definición del INEI. En el trimestre móvil abril-mayo-junio 2020 la población ocupada cayó en 6.7 millones, casi un 40%. Y en todo el año 2020, la población con empleo adecuado a nivel nacional urbano cayó en 2.5 millones, casi un 30%. Este desplome del empleo no fue causado por una caída autónoma de la demanda agregada sino de la oferta agregada por lo que medidas destinadas a estimular la demanda no tendrían mayor sentido en esta situación. Por varias razones la recuperación del empleo tarda más que la del PBI por ejemplo, por la generación de cierto desempleo estructural -friccional o el traspaso de   Población Económicamente Activa a la condición de No Activa, etc. El empleo se ha venido recuperando desde el segundo trimestre del 2020 pero todavía le queda un largo trecho para regresar al nivel pre-pandemia. Según un último reporte del INEI para el caso sólo de Lima Metropolitana en el trimestre móvil abril-mayo-junio 2021 todavía se tenía un déficit de 850000 puestos de trabajo adecuadamente productivos respecto al nivel que se tenía en igual periodo del año 2019.

Por otro lado, para tener una idea más completa de los efectos producidos por la pandemia del coronavirus sobre el bienestar social, debemos mirar sus consecuencias sobre los ingresos. Para este efecto, considero que una variable que debemos analizar es lo sucedido con el ingreso per-cápita. Según el Banco Mundial el ingreso per-cápita del país disminuyó en 12.9% en dólares corrientes o en 12.4% en dólares constantes 2011 PPP durante el 2020. Una caída bastante apreciable que nos tomará probablemente hasta el 2022 o 2023 recuperar.

De lo analizado, se pueden obtener las siguientes conclusiones:

a)      La contracción que la economía sufrió a consecuencia de la pandemia del coronavirus fue muy corta, sólo duró dos meses, marzo y abril, quizá la más corta de su historia moderna. Fue completamente causada por la pandemia.

b)      A partir del mes de mayo 2020 la economía entró en una fase de recuperación, con altibajos, que se extendió hasta mayo de este año, mes en el que se recuperó el nivel de PBI pre-pandemia. El crecimiento del PBI estuvo condicionado por factores de oferta agregada asociados a la reapertura de la economía y al rebrote de la pandemia, y a la política económica de soporte.

c)       Pero ello no significa que la economía haya regresado a una situación de equilibrio puesto que todavía hay un apreciable output gap negativo  que solucionar, dado que lo que empezó como un shock negativo de oferta con el tiempo generó un shock negativo de demanda como consecuencia, en lo principal, de un efecto ingreso que sufrieron tanto empresas como trabajadores y a cambios en los patrones de consumo privado debido a medidas  restrictivas tomadas por el gobierno y  por el mismo sector privado ante el riesgo de contagio.

d)      Si la economía continúa creciendo a partir de junio del presente año entraría a una fase plena de reactivación o expansión en la que el driver del crecimiento del PBI y del empleo sería el crecimiento de la demanda agregada, sobre todo la demanda interna y el desenvolvimiento de la pandemia.

e)   La economía está experimentando tail-winds provenientes de la economía mundial derivados de tasas reales de interés relativamente bajas, mejoras apreciables en los términos de intercambio y mayor demanda por nuestras exportaciones. Estos factores impulsarán el crecimiento de la demanda agregada y por ende de la producción.

f)       Sin embargo, en materia de empleo, sobre todo del adecuadamente productivo, estamos todavía lejos de regresar a niveles pre-pandemia. Por lo que se podría afirmar que en términos del PBI estaríamos entrando a una fase de expansión pero seguiríamos en  fase de recuperación en términos de empleo.

g)      Es probable que cerrar el output gap o reducirlo a una expresión bastante menor nos tomaría hasta fines del 2022 o 2023 lo que significa que el déficit de empleo continuaría hasta esas fechas.

h)      El ingreso per-cápita tomaría probablemente hasta el 2022 o 2023 retornar a su nivel de 2019.

i)        Todo este análisis supone la inexistencia de grandes desequilibrios o incertidumbre en la economía que afecten negativamente las expectativas de los agentes económicos internos y externos.

Se pueden también formular algunas recomendaciones de política económica:

j)        La recuperación del empleo estará determinada, en lo principal, por el crecimiento de la producción la que a su vez, en el corto plazo, dependerá del dinamismo de la demanda agregada, especialmente la demanda interna. Por ello, debe ser objetivo de la política económica de corto plazo incentivar su recuperación de la apreciable caída que tuvo en el 2020, casi  10%. En la demanda agregada el gasto del sector privado es el factor preponderante y dentro de él es el consumo el que pesa, sobrepasando el  60% del PBI. Como ya hemos visto en el análisis realizado es probable que el consumo privado tenga un fuerte crecimiento en la medida que la vacunación avance y nos acerquemos a la inmunidad de rebaño porque fuentes de financiamiento endógenas tiene. El problema es que esas fuentes son transitorias y es probable que se exhausten cuando la economía todavía no alcance su posición tendencial. Por ello, sería conveniente que la política económica de corto plazo mantenga una posición expansiva por un tiempo más, incluyendo el crear un clima de confianza que mejore sustancialmente las expectativas de los agentes económicos para así influenciar también el crecimiento de la inversión privada. Pero la reactivación del empleo no sólo debe contener medidas que estimulen la demanda agregada sino también la oferta agregada con políticas que ayuden a los trabajadores a adquirir nuevas habilidades para facilitar su movilidad y empleabilidad en firmas y sectores con futuro de expansión.

k)      La política monetaria deberá seguir teniendo una posición expansiva lo que no evita que en algún momento tenga que subir su tasa de interés de referencia si es que detecta que las expectativas de largo plazo de inflación se desenganchan del rango meta del BCRP a causa de un repunte de la inflación producida por shocks de oferta transitorios. Mientras el nivel de la tasa de política esté por debajo de su mejor estimado de tasa neutral la política tendrá un sesgo expansivo. Además, se tendrá que tomar en cuenta el desenvolvimiento de la política fiscal.

l)        En la medida que el gasto privado alcance un crecimiento adecuado y sostenido se podrá hacer una consolidación fiscal progresiva, no traumática, para evitar que la política fiscal se convierta en un head-wind para la economía. Se debe entender que la única forma de alcanzar sostenibilidad fiscal de largo plazo es generar primero una economía plenamente recuperada y la política fiscal tiene mucho que ver con ello. La economía necesita un incremento del gasto público en inversión en infraestructura que implique gastar en salud, educación, vialidad, energía, agua y desagüe, y digitalización para reforzar el crecimiento, limitar daños al PBI potencial y colaborar con el crecimiento de la productividad del sector privado. Además, se debe atender los principales problemas de la micro y pequeña empresa combinando políticas que atiendan problemas de liquidez, solvencia y reestructuración de deuda.  Espacio fiscal existe más aún que las finanzas públicas están recibiendo un shock de oferta positivo proveniente de la mejora en los términos de intercambio; esto permite que el aumento del gasto público financiado con ese aumento de recaudación se comporte como si fuese un gasto autónomo con mayores efectos multiplicadores en la economía. Si se desea aumentar en algo el gasto corriente, éste debe ser hecho en forma muy focalizado.

m)    La recuperación del empleo será determinada, en lo principal,  por el crecimiento de la producción. La política fiscal puede ayudar a través de la creación de programas temporales de obras públicas que crean directamente empleo transitorio y, vía efecto multiplicador, posteriormente empleo más estable. Pero es la inversión privada la que crea directamente empleo de duración más estable por lo que también debe ser promovida procurando alcanzar incluso un shock de inversión privada.

Se debe continuar con la formulación e implementación de medidas macro y micro prudenciales por parte de las instituciones correspondientes para atenuar el trade-off  que surge cuando se siguen políticas monetarias-financieras que buscan estimular la demanda agregada y el mayor riesgo de vulnerabilidad financiera que puedan crear.



NOTAS SOBRE EL TEMA FISCAL.

JORGE GONZALEZ IZQUIERDO.

UNIVERSIDAD DEL PACIFICO.

1) Percibo que en nuestro país hay una excesiva preocupación por el tema de la deuda pública (DP) calculada a través del ratio DP/PBI que según estimaciones oficiales (MEF)  estaría alrededor de  34%PBI para este año cuando el año pasado fue 27%PBI; aun cuando, la deuda neta estaría cerrando en 23%PBI. Esta actitud está llevando a que los hacedores de política económica piensen hacer una política  de gasto fiscal contractiva para el 2021, con la excepción notable de un alto funcionario de una institución de mucho prestigio del sector público que piensa que hay que hacer política fiscal expansiva por un tiempo todavía. No comparto la actitud descrita. Creo que se está exagerando con el tema de la deuda pública y menos lo de hacer política de gasto fiscal contractiva en el 2021.

2) Desde el punto de vista de la teoría económica y de la práctica se debe hacer consolidación fiscal cuando el gasto privado interno crece  vigorosa y sostenidamente complementado con un apoyo del gasto externo neto. En esa situación no estamos todavía hoy ni  lo estaremos en un corto plazo. No hay que dejarse influenciar por las cifras estadísticas  de muy corto plazo porque ellas contienen un fuerte componente de rebote estadístico.

3) Desde mi  punto de vista, en el 2020 se hizo política de gasto fiscal contractiva sobre todo en inversión debido a que, trabajando con cifras del  BCRP, hasta el mes de Julio el gasto público no financiero creció en términos reales negativo  y considerando los “lags” con los que opera  la política fiscal  sus efectos contractivos sobre el gasto agregado se estarían sintiendo a lo largo del segundo semestre del 2020. ¿Y el déficit fiscal primario de casi 8%PBI, no es un indicador de una política fiscal fuertemente expansiva? No creo así. En circunstancias normales así sería. Pero las actuales no son normales. El déficit primario fue causado, en lo principal, por un shock exógeno provocado por la Pandemia del Covid-19 que  ocasionó un derrumbe de los ingresos fiscales.

4) Por otro lado, causaría genuina preocupación si los déficit primarios fueran el resultado de un gobierno “gastador”, cuyas políticas fiscales tienen el gen de gastar más allá de sus posibilidades, tipo Venezuela por ejemplo. Pero no. Nuestro caso no es así. Estos déficit son transitorios, temporales por naturaleza. Cuando se ponga bajo control la Pandemia, no habría razón de seguirlos causando. Se empezaría hacer consolidación fiscal. Los mercados creo lo interpretan de esta forma. El riesgo país sigue bastante bajo y las principales calificadoras de riesgo no han degradado la deuda pública tanto en dólares como en soles ni tampoco alterado sus perspectivas.

5) Considero que hay un factor que tendrá decisiva influencia en el comportamiento de la economía en el corto plazo y en la situación fiscal. Me refiero a la llegada de la vacuna anti Covid-19. ¿Por qué? Porque normalizaría el comportamiento del gasto privado, sobre todo del consumo. Pero, entiendo por “llegada  de la vacuna” a una situación en la que se haya vacunado al menos entre el 70%-75% de la población para conseguir la llamada “inmunidad de rebaño”. Con ello se conseguiría un mayor crecimiento del gasto privado permitiendo iniciar un proceso de consolidación fiscal gradual y creíble. Estimo que conseguir ese objetivo nos tomaría unos seis meses. Por lo cual, la política de gasto fiscal tendría que ser expansiva, al menos, durante  el primer semestre 2021. Acompañada con una política monetaria de similar stance.

6) El aumento en el gasto público ya no debe seguir priorizando  el consumo (corriente), como es el caso del  reciente bono a los trabajadores del sector público dado que este sector de la fuerza laboral fue el menos afectado por las secuela de la Pandemia y el multiplicador de este tipo de gasto es  bastante reducido. Se debe enfatizar el gasto en inversión en infraestructura para impulsar más fuertemente el crecimiento de la producción y el empleo, limitar el daño a la oferta agregada y reforzar la productividad del sector privado. Sin embargo, hay que reconocer que existen graves limitaciones estructurales a la expansión del gasto en inversión con calidad que el presente gobierno deberá de afrontar. Algunas ideas al respecto son las de terminar un buen número de proyectos de inversión pública que se quedaron a medio hacer por diversos motivos y que la Contraloría General los detectó en un informe de unos dos años atrás y usar con renovada intensidad esquemas como el pago de obras con impuestos y las APP.

7) Otra razón poderosa que respalda la posición de hacer política fiscal expansiva tiene que ver con el comportamiento del sector privado. Resulta que por motivos de fuerza mayor creados por la Pandemia, el sector privado generó importantes montos de exceso de ahorro privado como se demuestra claramente con el modelo de Fondos Prestables sobre todo  en una situación en la que la tasa de referencia del BCRP está prácticamente en cero por ciento. El BCRP estima que para el 2020 el exceso de ahorro privado es de alrededor de 9%PBI y de 3%PBI para el 2021. Si el sector privado no desea usar esos recursos entonces el sector público  debe ponerlos en uso a través de una política de gasto en inversión expansiva;  el costo marginal social de los recursos estará claramente por debajo de su utilidad marginal social. Además no tendría que producirse el tan temido efecto de “crowding-out” sobre el gasto privado. Por otro lado, parte de estos recursos podrían financiar una expansión del gasto privado en consumo sobre todo cuando llegue la vacuna, ya que un sector de  los agentes económicos  se vio “obligado a ahorrar” dado que la utilidad marginal a consumir sufrió un shock adverso y alentó a posponer el consumo en el tiempo; de esta forma, los agentes acumularon muchos activos líquidos que se expresó en un crecimiento de M2 de 34% a Octubre de este año, que facilitará  el financiamiento del gasto.

8) El mundo actual y el que se prevé para el futuro mediato es uno de bajas tasas de interés en términos nominales y reales. Este nuevo environment exige un cambio en el framework con el que se analiza el problema fiscal como ha empezado ya a proponerse en los principales circuitos académicos del  mundo desarrollado. Tradicionalmente se ha puesto casi toda la atención en la evolución del ratio Deuda Pública Total (DP) sobre PBI y en la evolución de dicho ratio se vislumbra la capacidad de pago futura de un país. Creo que a pesar de ello tal ratio tiene un problema conceptual. ¿Cuál? que relaciona un stock con un flujo. En el numerador se pone un concepto de stock (DP) y en el denominador uno de flujo (PBI). Debiera de ponerse en ambos lados sólo stocks o sólo flujos para ser coherentes. Por ejemplo, si deseo insistir con poner DP en el numerador, debo poner en el denominador el valor presente neto de un flujo futuro de PBI, digamos, de los próximos 15 años. Si hiciéramos esto, el ratio disminuiría apreciablemente debajo del 34%PBI actual. Pero, hacer estos cálculos conlleva mucha incertidumbre por lo que es mejor virar hacia la otra opción que es la de flujo-flujo. Debemos considerar en el numerador el servicio de la deuda externa a nivel de pago de intereses  o quizá  también incluir la amortización del principal, y en el denominador el PBI. Pero, el servicio de la deuda debe ser ajustado por  inflación ya que esta última “se come” parte de ella. Por consiguiente, debemos estimar el valor REAL  del servicio de la deuda y compararla con el PBI. El MEF presenta unos estimados,  desconozco si corresponden  al valor real del servicio de la deuda, que para el 2020 da una cifra de 1.8%PBI (sólo intereses) y de 2.1%PBI con amortización. Para el 2021 las cifras son de 1.9% y 2.2% respectivamente. Para los siguientes dos años el total sube hasta un 3%PBI. Visto así, la cosa cambia ya que el esfuerzo de pago que la deuda pública total demandaría a la economía, estaría entre 2%-3%PBI. Este nuevo environment exigiría que se sigan haciendo  operaciones de reingeniería financiera cancelando deuda cara con toma de deuda nueva más barata. Para así mantener bajo control el ratio estimado.

9) Adicionalmente, existe otro argumento muy poderoso derivado del nuevo environment de las tasas de interés, que debe entrar en consideración. Es el referido a la relación entre costo promedio de la deuda pública (r) y el crecimiento potencial de la economía (g). Si las tasas de interés están bajas y se mantendrán bajas en el mediano plazo, es probable que g sea mayor que r más ahora que el maturity de la deuda pública se está alargando (hasta cien años) y se genera el tiempo necesario  para hacer las reformas estructurales que se necesiten para elevar el crecimiento potencial a alrededor del 6% anual o más. Si g es mayor a r el país no tendría mayores problemas para afrontar  el servicio de su deuda pública y el ratio que tanto se usa DP/PBI bajaría en el tiempo.

10) Si g es mayor que r, el  tema de los efectos de las finanzas públicas sobre la economía  debe sufrir algunos ajustes. Desde el punto de vista del Gasto Agregado, claramente se puede concluir que en una recesión una política fiscal expansiva podría mejorar el tan mentado ratio DP/PBI. Desde la perspectiva de la Oferta Agregada, las bajas tasas de interés reales posibilitan que una mayor cantidad de proyectos de inversión sean rentables y puedan afrontar con relativa tranquilidad su servicio en el tiempo, pudiendo incluirse no sólo infraestructura sino también formación de capital humano, investigación y desarrollo justo ahora que la Pandemia aceleró la llegada a la economía  de los alcances de la Cuarta Revolución Industrial vale decir, inteligencia artificial, automatización y robotización.

11) Finalmente, unas palabras sobre como generar mayores ingresos. Independientemente de lo discutido hasta este momento, se hace inevitable reconocer que en el futuro se tendrá que elevar en forma autónoma, en algún porcentaje, los ingresos del gobierno general. Pero antes de pensar en subir impuestos o crear nuevos se debe pensar en recortar y/o eliminar gastos. Primero, es posible reducir drásticamente el gasto en Consultorías y Asesorías que el Sector Público realiza y que se acerca a los dos mil millones de soles al año. Segundo, reducir entre 0.5%- 1%PBI las exoneraciones tributarias y otros tratamientos preferenciales en un tiempo prudencial. Y obviamente, eliminar los gastos generados por la atención de la Pandemia. Luego pensar en ajustar impuestos. Considero que se debe gravar el consumo y no el ingreso por varias razones pero principalmente porque el consumo refleja mejor que el ingreso el bienestar que un agente económico obtiene de la sociedad. Además, en teoría de los precios está sólidamente demostrado que gravar el ingreso por ejemplo de una persona, afecta adversamente su deseo de trabajar, ahorrar e invertir en el tiempo, con lo que produce en términos agregados efectos adversos sobre el crecimiento potencial de la economía, los salarios reales y otras variables. También hay que considerar el efecto que sobre los ingresos del gobierno general tendrá  un shock exógeno, esta vez de naturaleza positiva, producto  del apreciable aumento en el precio del cobre y otros metales que el país exporta. Mientras dure esa situación, nos ayudará a cerrar la brecha fiscal con un menor esfuerzo fiscal.

Por sobre todos estos considerandos, no se debe permitir que desde el Congreso de las República se concreten iniciativas de gasto de naturaleza populista que compliquen tremendamente la cuantía del resultado fiscal primario y la capacidad de servir la deuda pública al implicar gastos de dudoso retorno económico y  crear expectativas adversas en los mercados nacionales y sobre todo mundiales. El Congreso se convertiría así en un constante shock exógeno adverso a las finanzas públicas y a la economía del país.

SOBRE EL SUBSIDIO A LA CONTRATACIÓN DE MANO DE OBRA FORMAL.

JORGE GONZALEZ IZQUIERDO.

UNIVERSIDAD DEL PACÍFICO.

El gobierno del señor presidente Martin Vizcarra anunció el otorgamiento de  un subsidio a la contratación de mano de obra formal que se  entregaría a las empresas de todo tamaño que hayan experimentado una reducción en sus ventas igual o mayor al 30% entre los meses de Abril y Mayo del presente año. El subsidio iría entre el 35% - 55% del costo de la planilla de personal nuevo o que dejó de laborar y es recontratado. Se aplicaría para las contrataciones que se den entre Agosto 2020 - Enero 2021. El subsidio cubre sólo el pago de las remuneraciones de los trabajadores contratados de manera formal que tengan un sueldo de hasta 2,400 soles y todos los beneficios laborales. Distingue, además, entre dos segmentos de trabajadores: a) jóvenes entre 18-24 años y b) mayores de 25 años, incrementando el subsidio cuando el trabajador es contratado a plazo indeterminado y reduciéndolo cuando el contrato es a plazo fijo. El tiempo total del subsidio es de seis meses y será mayor para los primeros tres meses y luego se reducirá en los siguientes tres meses. Por último, el subsidio será mayor cuando se trate de trabajadores jóvenes. ¿Es una buena decisión de política económica? Creo que no. Veamos.

La Pandemia del Coronavirus provocó una profunda recesión en la economía que ocasionó  una drástica caída  de la producción, desplome del empleo, y reducción apreciable de ingresos, sobre todo de los trabajadores. Soy de la opinión que el probable retorno a los niveles pre-pandemia se dé primero en la producción y luego en el empleo, sobre todo en  el considerado adecuadamente productivo. Esto último tomará un tiempo mayor debido, en lo principal, a  que la Pandemia aceleró y consolidó la llegada a las empresas formales de la inteligencia artificial, automatización y robotización y provocó también un shock de reconversión productiva, alterando con ello la naturaleza y estructura de la demanda de mano de obra y provocando un posible incremento del desempleo estructural. Parte del desempleo coyuntural que se ha producido, se convertirá en estructural dada la prevalencia de amplios sectores de trabajadores con bajo stock de capital humano con capacidades cognitivas rutinarias fáciles de codificar y en otros casos habilidades que son específicas a sectores que se están encogiendo o desapareciendo. Por otro lado, según el INEI en el trimestre Abril-Mayo-Junio la población económicamente activa se redujo de 17.4 millones de personas (trimestre Enero- Marzo) a 11.3 millones, una disminución de 6.1 millones que se pasaron a la categoría de población económicamente no activa; es decir, dejaron la fuerza laboral al quedar desempleadas y ver con pesimismo la situación futura de empleo; es probable que cuando deseen regresar a buscar trabajo les tome un tiempo considerable encontrarlo en el sector adecuadamente productivo, como demuestra la experiencia internacional.  Y es bien sabido que el desempleo estructural no se enfrenta con políticas de demanda sino con políticas de oferta, básicamente de educación, capacitación, entrenamiento, que busquen dar solución al posible desajuste de habilidades entre lo requerido por la demanda y  lo ofrecido por la oferta de trabajo.

En la actual coyuntura económica es necesario distinguir dos fases en el proceso de reactivación de la economía. La primera, de recuperación o rebote producido por la reapertura de la economía donde el comportamiento de la producción y empleo están determinados principalmente por factores de oferta. Y una segunda, posterior, donde ambos están determinados en lo fundamental por factores de demanda. Considero que básicamente estamos entrando a  la fase de reactivación donde lo importante es promover un crecimiento relativamente alto y sostenido de la demanda agregada, especialmente la interna. La demanda por trabajo, en este contexto,  depende fuertemente del comportamiento de la producción  y por ende de la demanda por bienes y servicios y activos financieros no monetarios. Es el típico caso en el que coexiste exceso de oferta en el mercado laboral y  en el de bienes y servicios al mismo tiempo, por déficit de demanda . En este escenario, reducir temporalmente el costo de contratación de mano de obra tendrá efectos marginales sobre la demanda por trabajo; la causalidad no va de costo a cantidad demandada de trabajo como ocurriría en situaciones de pleno empleo o cercanas a él. El modelo clásico recomienda que se debe subsidiar la contratación de mano de obra cuando en el mercado de trabajo existe alguna imperfección que impide que el mercado alcance su equilibrio,  y  no se la puede eliminar; la demanda por trabajo  depende sólo  de factores reales y no está afectada por la demanda por bienes y servicios. Este no es el caso de la actual coyuntura que vivimos por lo que la política del estado debe estar enfocada a estimular el crecimiento de la demanda agregada por bienes y servicios en el corto plazo para así impulsar la creación de nuevos puestos de trabajo.

Considero que la norma propuesta tiene las siguientes limitaciones y/o errores:

1) Es posible que para el corto plazo y en las presentes circunstancias, las curvas isocuantas no sean muy “echadas” como aparecen en los libros de texto de forma tal que no  sea muy fácil sustituir capital por trabajo en la producción del bien en cuestión. El subsidio lo que hace es reducir el precio relativo de usar los servicios de la mano de obra frente al uso de los servicios del capital y de esta forma se espera aumentar la demanda por trabajo por un efecto sustitución y escala. Pero si hay distorsiones en el proceso de  sustitución de factores o cambios en la función de producción debido a modificaciones en las productividades marginales del capital y trabajo, el efecto se vería limitado.

2) Un error  común en política económica es poner a un mismo servicio o bien diferentes precios de mercado; eso conduce inevitablemente a un comportamiento especulativo. Con el subsidio en cuestión, se está colocando diferentes precios a los servicios de la mano de obra por edad, tipo de contrato y  nivel salarial. Esto provocará un efecto sustitución importante en la contratación de mano de obra y no necesariamente un aumento neto considerable en el empleo. Además, de estimular comportamientos indeseables.

3) Será muy difícil distinguir entre la contratación de mano de obra que de todas formas las empresas iban a realizar,  en un contexto de reactivación de la producción,  de la contratación que supuestamente el subsidio incentivaría. Si no se puede distinguir uno del otro entonces se estarían generando sustanciales “windfall gains” para las empresas que se acogerían al subsidio. Esto constituiría una mala asignación de los escasos recursos que tiene el estado.

4) Pagar el subsidio en función de las nuevas contrataciones realizadas y no por la creación neta de empleo, creará el incentivo perverso de provocar despidos para luego contratar a alguien nuevo para ganarse el subsidio.

5) Con otorgar subsidios mayores dirigidos a grupos específicos de trabajadores, como en el presente caso, a jóvenes entre 18 - 24 años,  se corre el riesgo de estigmatizarlos ya que los empleadores los pueden considerar como menos productivos y con ello dificultar su contratación o alentar su posterior despido. Esta práctica además discrimina relativamente contra los trabajadores de mayor edad.

6) Contratar un trabajador en condiciones de formalidad a cambio de un subsidio temporal de seis meses que es a su vez decreciente en monto, no creará, ceteris paribus, mayor incentivo a contratar más mano de obra en el tiempo. Además, no debiera concederse  subsidio por contratar a plaza fijo; todo el peso del subsidio debería  cargarse a estimular la contratación  a plazo indeterminado ya que la primera modalidad causa problemas importantes al buen funcionamiento del mercado laboral.

7) La mayor o menor contratación de mano de obra dependerá principalmente, en las actuales circunstancias, del comportamiento de la producción. Si el sector privado espera que en los próximos 12 ó 24 meses el crecimiento de la producción será lento,  la creación de empleo neto será acorde a esa expectativa dado lo expuesto en un párrafo anterior y  en el probable comportamiento de la inversión privada. Los subsidios a la contratación de mano de obra no alterarán en lo sustancial este comportamiento.

8) Es probable que el gobierno para evitar los incentivos perversos que crea este subsidio implemente un conjunto de controles y supervisiones con  lo que provocará  costos   administrativos a las empresas  que probablemente sean mejor absorbidos por las de mayor tamaño. De ser este el caso,  los “windfall gains” irán mayormente a las grandes empresas.

9) Si como dice el proyecto de la norma, el subsidio se aplicaría a las contrataciones realizadas entre Agosto 2020 - Enero 2021,  los meses de Agosto, Setiembre y Octubre  ya transcurrieron por lo que no habría razón alguna para pagar el subsidio. Sería una completa mala asignación de recursos.

10) Las empresas que hayan tenido una caída en sus ingresos igual o mayor al 30% en los meses de Abril y Mayo calificarían para  el subsidio. La lógica es que producto de la reducción drástica de ingresos tengan problemas de liquidez (cash flow) que les dificultaría contratar mano de obra adicional. Por ello, hay que reducirles el costo de contratar mano de obra. Pero para tratar el problema de liquidez se crearon los Reactiva Perú 1 y 2 transfiriendo casi 60,000 millones de soles. Además, se les otorgó un subsidio a la planilla de 35% para desincentivar los despidos. Y  es probable que sus ventas ya estén recuperándose. 

Por todo lo expuesto, considero que no es buena idea implementar el subsidio a la contratación de nueva mano de obra formal. Aconsejo al gobierno del presidente Vizcarra utilizar los recursos que serían malgastados en el subsidio,  en  invertir en: i) programas de reeducación, recapacitación, entrenamiento en nuevas habilidades a los trabajadores, especialmente de bajos niveles salariales para que puedan estar en mejor forma para afrontar el reto que la llegada de la Cuarta Revolución Industrial  al Perú les está imponiendo, dentro de una verdadera reforma laboral; esto lo pueden hacer con el  concurso del sector privado ii) aumentar el acceso a internet que según el INEI  sólo el 40% de los hogares peruanos lo tienen, iii) programas de inversión pública sobre todo en infraestructura que incluya aspectos de digitalización.


[1] Según los nuevos modelos keynesianos también puede existir el exceso de oferta en ambos mercados por razones de imperfecciones como por ejemplo la existencia de competencia monopolística y de la hipótesis de salarios eficientes.

SOBRE EL ESTADO DE LA MACROECONOMÍA PERUANA.

JORGE GONZALEZ IZQUIERDO. UNIVERSIDAD DEL PACIFICO. Desde 2024 la economía peruana viene experimentando una estabilidad macroeconómica que p...