SOBRE LA INFLACION RECIENTE

JORGE GONZALEZ IZQUIERDO.

UNIVERSIDAD DEL PACIFICO.

Las cifras de inflación obtenidas para el mes de agosto han despertado preocupación en los agentes económicos y en las altas esferas del sector público. En dicho mes la inflación alcanzó  0.98%  y en términos de doce meses 4.95%,  claramente por encima de la meta de inflación de 2% anual establecida por el banco central e incluso de su límite superior de 3%. El banco central reaccionó modificando su política monetaria, aumentando en 75 puntos básicos su tasa de referencia y elevando encajes bancarios, dejando abierta la posibilidad de reajustes posteriores. ¿Será que estamos experimentando un verdadero proceso inflacionario? o ¿se trata sólo de impactos inflacionarios de corta duración provocados por shocks exógenos transitorios de oferta, internos y externos? En las líneas que siguen trataremos de dar una respuesta.

La inflación, propiamente definida, debe entenderse  como un proceso en el que el nivel general de precios sube sostenidamente por un tiempo considerable. Este proceso exige que todos los precios de bienes y servicios que conforman la canasta de medición relevante suban a un ritmo más o menos similar. Por otro lado, es importante distinguir entre inflación y aceleración de la inflación para tener claridad sobre los factores que las están causando; en términos más rigurosos hay que distinguir entre la primera derivada del nivel general de precios y la segunda derivada que  marca tendencia.

Hoy día, existen dos teorías generalmente aceptadas para explicar la inflación y  su dinámica: la Teoría Cuantitativa y la Curva de Phillips. La primera sirve para explicar los factores determinantes de la inflación en el largo plazo y guarda concordancia con el concepto de neutralidad del dinero; para periodos más cortos de tiempo, su uso presenta limitaciones. La segunda, se usa en la explicación de procesos inflacionarios de corto plazo más aún cuando modelos modernos la han modificado incorporando shocks transitorios de oferta; es decir, para periodos cortos de tiempo, la inflación puede ser explicada por shocks de demanda y/o  de oferta que pueden ser internos y/o externos a la economía. Sin embargo, la Pandemia producida por  el Covid-19 ha impuesto un novedoso reto a la política monetaria en materia de inflación. Sucede que la Pandemia ocasionó shocks asimétricos en la economía al crear restricciones de oferta y demanda de distinta intensidad a sectores  de alto riesgo de contagio como comercio y servicios (turismo por ejemplo) y a aquellos de menor riesgo relativo de contagio. En los primeros creó condiciones para una contracción y en los segundos para una expansión, provocando un shock  de reasignación de recursos productivos, trabajo y capital, desde los primeros hacia los segundos. En los sectores del primer tipo tendrían que bajar los salarios y precios y en los del segundo tipo subir, para evitar masivo desempleo sobre todo de tipo estructural. Como existen rigideces a la baja en salarios y precios y la movilidad de recursos sobre todo de mano de obra es costosa, en los primeros tenderá a producirse desempleo y en los segundos, inflación. Es decir, se estaría experimentando una situación de inflación con desempleo a la vez. Pero la inflación producida no es provocada por los típicos factores de oferta como inflación importada, devaluación, clima adverso, etc.,  sino por la asimetría del shock y la presencia de imperfecciones en los mercados. Esta inflación no debiera de ser combatida por la política monetaria porque es la forma como se viabiliza el ajuste de precios relativos que necesita la economía para facilitar el proceso de reasignación de recursos y  evitar así masivo y duradero desempleo. ¿Será este tipo de inflación el que estamos experimentando? Lo analizaremos a continuación.

Debemos distinguir entre tres indicadores de inflación: inflación actual, inflación core e inflación tendencial. La primera, es la que reporta el INEI todos los meses. La segunda, es la inflación actual neteada de  variación de precios en los rubros  Alimentos y Energía por ser muy volátiles, y se considera que es un mejor indicador que la inflación actual de la evolución a mediano plazo de la misma porque refleja la actuación de factores más estables. La inflación core tiende a fluctuar alrededor de una tendencia de largo plazo (inflación tendencial) en la medida que ésta sea estable. La inflación actual refleja movimientos en la inflación core  y cambios transitorios en los precios de alimentos y energía.

¿Qué determina el comportamiento de la inflación? Las nuevas versiones de la Curva de Phillips señalan que la inflación es provocada, en lo esencial, por las expectativas de inflación de los agentes económicos, por la intensidad con que se utilizan los recursos productivos, es decir, el output o unemployment gap, y  por la evolución de costos de producción que pueden estar sujetos a shocks no anticipados provenientes del extranjero como inflación importada y/o internamente como devaluación del tipo de cambio nominal (real), fenómeno de El Niño, etc.; en algunas versiones se incorpora el factor persistencia. Este modelo postula, para explicar la dinámica de la inflación,  que los efectos sobre la inflación de cambios en la utilización de recursos, precios de productos importados, devaluación u otros factores, dependerá de cómo tales cambios afecten las expectativas de inflación de largo plazo de los agentes económicos. Si las expectativas no están bien ancladas con la inflación meta del banco central, cambios temporales, transitorios de precios terminarán provocando un aumento permanente en la inflación ya que la inflación subirá y se quedará allí dado que la inflación esperada también lo hará. En cambio, si las expectativas están bien ancladas tales cambios afectarán transitoriamente a la inflación y cuando desaparezcan, la inflación regresará a su tendencia previa. Si se establece que la Curva de Phillips está  “echada”, como parece ser nuestro caso, las expectativas de inflación crecen en importancia a la hora de explicar inflación ya que el output o unemployment gap pierde poder explicativo y el factor persistencia también en la medida que las expectativas de largo plazo estén ancladas en la meta del banco central.

Con esta teoría en mente, revisemos algunas características de la inflación en el país. La inflación promedio anual para el periodo 2002 - 2020 es 2.7%, periodo en el cual se adoptó como framework para la política monetaria el  inflation targeting y la Regla de Taylor; considero que es una proxy razonable de la inflación tendencial. Cabe señalar que a partir de 2017 la economía peruana empezó a experimentar un proceso de relativa baja inflación registrando una inflación actual promedio anual de 1.8% para el periodo 2017 - 2020 y de 2.1% para la core inflation. En este periodo los shocks de oferta transitorios internos y externos jugaron a favor del consumidor final  ya que disminuyeron la inflación relevante para ellos.

Pasemos ahora a revisar  la experiencia reciente de la inflación. Si tomamos el periodo agosto 2020 - agosto 2021 veremos que la inflación actual promedio mensual fue 0.36%. Sin embargo, se nota claramente que desde abril hasta agosto 2021 la inflación se aceleró apreciablemente dado que la inflación promedio mensual subió a 0.53%, superior al promedio de todo el periodo y a la del periodo inmediato anterior, agosto 2020 - marzo 2021, que fue de 0.26%. Esta tendencia se confirma si trabajamos con la inflación core para el mismo lapso de tiempo. La inflación core promedio mensual para todo el periodo fue de 0.19%, mientras que la relevante para abril - agosto 2021 fue 0.22% y la de agosto 2020 - marzo 2021 de 0.17%; la aceleración de la inflación core podría estar reflejando un deterioro de  expectativas. Es necesario precisar que la inflación en el periodo considerado es explicada, en lo principal,  por lo ocurrido a los precios de sólo tres categorías de bienes y servicios de las ocho que conforman la canasta con la que trabaja el INEI; a saber : alquiler de vivienda, combustibles y electricidad; alimentos y bebidas; y transportes y comunicaciones, al registrar al mes de agosto una inflación de doce meses de 10.92%, 6.11% y 5.69% respectivamente, muy por encima de los incrementos experimentados por las cinco categorías restantes que no sobrepasaron el 2.73%. Esto ya nos estaría indicando que no se trataría de un proceso inflacionario estándar ( por demanda) en el que todos los precios suben a un ritmo más o menos similar sino de una inflación producida por cambios de precios relativos ante presencia de rigideces a la baja de precios. Lo preocupante es que la inflación esperada a doce meses también registró aumentos significativos en el periodo bajo análisis. De abril a mayo subió 4%; de mayo a junio 8%; de junio a julio 16%; y de julio a agosto 1.3%, pasando de 2.3% a 3.07% (33% de incremento) entre el inicio y final del periodo, según estimados del BCRP. No se estaría dando el llamado “shock anchoring” puesto que ante shocks de oferta transitorios las expectativas de inflación se desengancharon de la meta establecida por el banco central. Pero,  se estaría dando, hasta el momento, el “level anchoring” ya que tales shocks no han provocado que las expectativas a 2 y 3 años se despeguen del rango meta del banco central, según información del BCRP.

La pregunta que surge es: ¿qué está causando este comportamiento de la inflación? Si analizamos las tres categorías de bienes y servicios mencionadas como responsables de la inflación vemos que ítems relacionados a combustibles y electricidad; alimentos; y  transportes, son los culpables, en lo principal, de dicha dinámica; me refiero por ejemplo a gas por red para vivienda,  GLP doméstico, precios públicos como luz y agua, carnes (pollo), pan, fideos, frutas, hortalizas, gasolinas, petróleo diesel, pasajes aéreos, fletes de carga (nacional e internacional), etc. todos ellos afectados directa e indirectamente por el comportamiento de los precios internacionales de alimentos que importamos como maíz, trigo, aceite de soya;  petróleo y combustibles; fertilizantes; que han venido registrando aumentos apreciables desde el  segundo semestre del año pasado aun cuando a partir de mayo de este año, para el caso de alimentos, registraron caídas en sus precios con repuntes posteriores, después de 30 o 60 días,  en el caso del  aceite de soya, maíz, trigo . Estos aumentos de precios demoran entre 5 a 8 meses para hacer sentir sus efectos sobre los precios al consumidor final.  Sin embargo, sostener que con ello basta para explicar la inflación y su dinámica sería cometer un error conceptual muy grave. Operan también factores domésticos como la devaluación nominal  del tipo de cambio y las expectativas de inflación. La devaluación nominal influye en la inflación vía tres canales: a) directo, a través de su impacto sobre los bienes y servicios importados; b) indirecto, a través de su impacto sobre las expectativas inflacionarias; y c) provocando cambios relativos de demanda hacia sectores no transables vía elevación del tipo de cambio real. La demora en hacer sentir sus efectos sobre los precios al consumidor final es bastante menor al de los precios internacionales por lo que adquiere mayor relevancia a la hora de explicar la aceleración de la inflación. Trabajando con data del banco central a fines de agosto del presente año, la devaluación nominal en los últimos 12 meses fue 15% y desde fines de febrero 11.8%,  mes a partir del cual se nota una aceleración en el aumento del tipo de cambio. Nótese que tanto para la inflación, expectativas de inflación y tipo de cambio, se aprecia una aceleración desde fines del primer trimestre, periodo que coincide con el inicio del proceso de elecciones de primera y segunda vuelta que tuvimos y de la llegada al poder del nuevo gobierno.

El modelo teórico que estamos usando nos permite establecer causalidad y ésta va desde inflación externa, devaluación y expectativas hacia inflación lo que nos permite sostener que son  básicamente shocks de oferta externos e internos los que están provocando la inflación y su aceleración. Vamos a centrarnos en la devaluación y expectativas.

Lo que está sucediendo con el  tipo de cambio en los últimos meses  lo podemos enmarcar dentro de la teoría del ajuste de portafolio financiero, provocado por cambios en expectativas  que  se forman en base a información nueva de tipo política, económica, social e institucional que llega. La aceleración en el aumento del tipo de cambio que hemos observado no tiene que ver con el movimiento de sus factores reales fundamentales. Más bien, estos señalarían que el nivel del tipo de cambio de equilibrio debiera de estar por debajo de su nivel actual, básicamente por el desenvolvimiento de las cuentas externas hasta el pasado reciente. Pienso que lo que está gobernando la dinámica del tipo de cambio tiene que ver con un típico reajuste de portafolio financiero guiado por un deterioro de expectativas de los agentes económicos nacionales y extranjeros que derivó en la formación de una burbuja financiera (cambiaria). La teoría dice que, básicamente, son tres los factores que determinan la existencia de una burbuja: a) que el activo en cuestión sea fácilmente vendible y comprable, es decir, comerciable; b) que exista liquidez en el mercado y sobre todo crédito a tasas relativamente bajas; y c) presente un comportamiento especulativo, vale decir, que la compra del activo sea incentivado por expectativas de un aumento en su precio en el futuro. Pienso que el activo en nuestro caso cumple con los tres requisitos. Además, se han identificado dos factores básicos que causan las burbujas financieras: innovación tecnológica y políticas de gobierno (o expectativas acerca de ella). En nuestro caso, sostengo que fue la gran incertidumbre política, económica e institucional que empezamos a vivir con intensidad creciente después de la primera vuelta electoral el principal driver del aumento en el tipo de cambio ya que un incremento temporal en el precio de nuestras exportaciones (cobre) y de la inflación externa apuntan más bien a provocar una reducción del tipo de cambio nominal. Las presiones alcistas sobre el tipo de cambio e inflación que provoquen salidas de capital, producto de un  ajuste de portafolio, será un problema manejable en la medida que el inflation targeting se combine con expectativas inflacionarias de largo plazo bien ancladas en la meta del banco central. Por consiguiente, es muy importante seguir analizando el comportamiento de las expectativas de inflación.

Las expectativas de inflación de los agentes económicos nacionales y extranjeros juegan un rol crucial en la dinámica de la inflación, como ya lo hemos comentado,  y en la transmisión de la política monetaria a la macroeconomía como lo establece claramente el marco conceptual que estamos usando. Las expectativas de corto plazo parecen haberse desenganchado de la meta establecida por el banco central como ya lo hemos visto. Pero las de mediano plazo, hasta el momento, siguen ancladas en dicha meta y estas son las que tienen mayor relevancia para el proceso. En la medida que siga esta situación, lo que suceda con la inflación externa o con la devaluación tendrá efectos menores sobre las expectativas de inflación  de mediano y largo plazo y  con ello la aceleración de la inflación que se experimente será transitoria. Pero ese anclaje no es gratis. Se tiene que generar y consolidar con políticas económicas, de gobierno e institucionales  sensatas que den confianza, tranquilidad y esperanza a los agentes económicos. Sería peligroso que las expectativas de mediano y largo plazo se desenganchen de la meta del banco central porque reducir inflación en ese contexto generaría un alto costo social.

CONCLUSION.

La inflación que estamos experimentando es causada por shocks de oferta externos e internos mayormente transitorios. La aceleración registrada desde el mes de abril está principalmente determinada por la devaluación del tipo de cambio y por las expectativas inflacionarias. Ambas variables, si bien interactúan, tienen como principal driver a la incertidumbre política, económica e institucional que está viviendo el país. Que los shock de oferta internos  sean transitorios o duren un tiempo perjudicialmente mayor dependerá del empeoramiento, continuidad o reducción de dicha incertidumbre. De no tomarse las acciones apropiadas en el campo político, económico e institucional que reduzca sustancialmente la incertidumbre señalada, se obligará a los hacedores de política económica, fiscal y monetaria, a tomar las medidas correspondientes que podrían terminar provocando un corte en el proceso de recuperación y expansión de la economía, empleo e ingresos con el consiguiente empeoramiento del bienestar de amplios sectores de la sociedad, especialmente los más vulnerables; además de afectar directamente la dinámica del gasto privado, especialmente de la inversión real.

SOBRE LA COYUNTURA ECONÓMICA

JORGE GONZALEZ IZQUIERDO.

UNIVERSIDAD DEL PACIFICO.

Desde que se tomaron las primeras medidas de corte sanitario para combatir la llegada de la pandemia del coronavirus han transcurrido  17 meses, tiempo prudencial para realizar una evaluación preliminar de su impacto macroeconómico.

Trabajaré con  estimados del INEI sobre la evolución mensual del PBI en términos desestacionalizados para el periodo Nov. 2019-Mayo 2021 y generaré el siguiente gráfico que nos ayudará a entender la dinámica del proceso.

Considero que es importante distinguir dos fases en el comportamiento de la economía durante y después de la llegada de la pandemia: a) la primera, que  llamaré emergencia-recuperación; y b) la segunda, reactivación o expansión. Cuando el gobierno de turno enfrentó la llegada de la pandemia a partir del 16 de marzo de 2020, decretó un conjunto de medidas de corte sanitario de las que rescato tres por los efectos que produjo sobre la economía: distanciamiento social, cuarentena casi total y cierre de fronteras nacional e internacional. Como consecuencia de ellas, la economía entró en una fase de emergencia porque la producción, empleo e ingresos registraron una súbita y pronunciada caída; duró dos meses, marzo y abril. Desde un punto de vista riguroso, la economía experimentó un shock de oferta negativo; no sólo se afectó el PBI actual sino también el potencial. La política económica, fiscal y monetaria, que se implementó tuvo como objetivo evitar quiebras masivas de empresas, disminución sustancial de ingresos de gruesos sectores de la población, colapso de la salud pública y que el sector financiero entrara en problemas con el riesgo de provocar un credit-crunch; es decir, fue una política que tuvo como objetivo llevar alivio a las empresas y familias afectadas y no tanto provocar estímulo sobre la demanda agregada interna. Pero a partir del mes de mayo el gobierno empezó a reabrir progresivamente la economía  diseñando un plan de cuatro fases que originalmente iba de mayo a agosto. Se entró a una etapa de recuperación porque el PBI comenzó a crecer como consecuencia de la reapertura per-se  y en menor medida por las medidas de soporte que se siguieron haciendo. La recuperación estuvo determinada en lo fundamental por el comportamiento de la oferta agregada condicionada por el rebrote de la pandemia. . Esta fase duró hasta el mes de mayo de 2021 como se aprecia en el gráfico dado que en ese mes el PBI regresó a su nivel pre-pandemia (noviembre 2019). Si el PBI siguiera creciendo, superaría el nivel pre-pandemia y estaría en la siguiente fase, la de reactivación o expansión donde el  crecimiento del PBI estaría determinado principalmente por el dinamismo de la demanda agregada, dada la existencia de imperfecciones de diversa naturaleza en los  mercados de la economía ( competencia monopolista por ejemplo). En esta fase se necesitarían medidas de estímulo tanto fiscal como monetarias para que junto con el avance en el  proceso de vacunación  alcanzar a la brevedad posible la inmunidad de rebaño y promover así que el gasto privado alcance un ritmo de crecimiento adecuado y sostenido, el que estará solventado por la existencia de una pent-up demanda resultado del fuerte incremento del ahorro privado como consecuencia de las limitaciones al gasto privado impuestas por  la pandemia, por un efecto “retiro” derivado del acceso a cuentas de CTS y AFP, por acceso a tasas reales de interés  relativamente bajas y por una  recuperación paulatina del ingreso. . Esta fase continuará hasta que el output gap negativo estimado por el BCRP  en 6,6% del PBI tendencial para este año y en 4.7% para el 2022  se reduzca hasta niveles compatibles con la desaparición del déficit de demanda agregada.

Sin embargo, también hay que mirar el comportamiento de otra variable tan o más importante que el PBI; me refiero al empleo, sobre todo el adecuadamente productivo según definición del INEI. En el trimestre móvil abril-mayo-junio 2020 la población ocupada cayó en 6.7 millones, casi un 40%. Y en todo el año 2020, la población con empleo adecuado a nivel nacional urbano cayó en 2.5 millones, casi un 30%. Este desplome del empleo no fue causado por una caída autónoma de la demanda agregada sino de la oferta agregada por lo que medidas destinadas a estimular la demanda no tendrían mayor sentido en esta situación. Por varias razones la recuperación del empleo tarda más que la del PBI por ejemplo, por la generación de cierto desempleo estructural -friccional o el traspaso de   Población Económicamente Activa a la condición de No Activa, etc. El empleo se ha venido recuperando desde el segundo trimestre del 2020 pero todavía le queda un largo trecho para regresar al nivel pre-pandemia. Según un último reporte del INEI para el caso sólo de Lima Metropolitana en el trimestre móvil abril-mayo-junio 2021 todavía se tenía un déficit de 850000 puestos de trabajo adecuadamente productivos respecto al nivel que se tenía en igual periodo del año 2019.

Por otro lado, para tener una idea más completa de los efectos producidos por la pandemia del coronavirus sobre el bienestar social, debemos mirar sus consecuencias sobre los ingresos. Para este efecto, considero que una variable que debemos analizar es lo sucedido con el ingreso per-cápita. Según el Banco Mundial el ingreso per-cápita del país disminuyó en 12.9% en dólares corrientes o en 12.4% en dólares constantes 2011 PPP durante el 2020. Una caída bastante apreciable que nos tomará probablemente hasta el 2022 o 2023 recuperar.

De lo analizado, se pueden obtener las siguientes conclusiones:

a)      La contracción que la economía sufrió a consecuencia de la pandemia del coronavirus fue muy corta, sólo duró dos meses, marzo y abril, quizá la más corta de su historia moderna. Fue completamente causada por la pandemia.

b)      A partir del mes de mayo 2020 la economía entró en una fase de recuperación, con altibajos, que se extendió hasta mayo de este año, mes en el que se recuperó el nivel de PBI pre-pandemia. El crecimiento del PBI estuvo condicionado por factores de oferta agregada asociados a la reapertura de la economía y al rebrote de la pandemia, y a la política económica de soporte.

c)       Pero ello no significa que la economía haya regresado a una situación de equilibrio puesto que todavía hay un apreciable output gap negativo  que solucionar, dado que lo que empezó como un shock negativo de oferta con el tiempo generó un shock negativo de demanda como consecuencia, en lo principal, de un efecto ingreso que sufrieron tanto empresas como trabajadores y a cambios en los patrones de consumo privado debido a medidas  restrictivas tomadas por el gobierno y  por el mismo sector privado ante el riesgo de contagio.

d)      Si la economía continúa creciendo a partir de junio del presente año entraría a una fase plena de reactivación o expansión en la que el driver del crecimiento del PBI y del empleo sería el crecimiento de la demanda agregada, sobre todo la demanda interna y el desenvolvimiento de la pandemia.

e)   La economía está experimentando tail-winds provenientes de la economía mundial derivados de tasas reales de interés relativamente bajas, mejoras apreciables en los términos de intercambio y mayor demanda por nuestras exportaciones. Estos factores impulsarán el crecimiento de la demanda agregada y por ende de la producción.

f)       Sin embargo, en materia de empleo, sobre todo del adecuadamente productivo, estamos todavía lejos de regresar a niveles pre-pandemia. Por lo que se podría afirmar que en términos del PBI estaríamos entrando a una fase de expansión pero seguiríamos en  fase de recuperación en términos de empleo.

g)      Es probable que cerrar el output gap o reducirlo a una expresión bastante menor nos tomaría hasta fines del 2022 o 2023 lo que significa que el déficit de empleo continuaría hasta esas fechas.

h)      El ingreso per-cápita tomaría probablemente hasta el 2022 o 2023 retornar a su nivel de 2019.

i)        Todo este análisis supone la inexistencia de grandes desequilibrios o incertidumbre en la economía que afecten negativamente las expectativas de los agentes económicos internos y externos.

Se pueden también formular algunas recomendaciones de política económica:

j)        La recuperación del empleo estará determinada, en lo principal, por el crecimiento de la producción la que a su vez, en el corto plazo, dependerá del dinamismo de la demanda agregada, especialmente la demanda interna. Por ello, debe ser objetivo de la política económica de corto plazo incentivar su recuperación de la apreciable caída que tuvo en el 2020, casi  10%. En la demanda agregada el gasto del sector privado es el factor preponderante y dentro de él es el consumo el que pesa, sobrepasando el  60% del PBI. Como ya hemos visto en el análisis realizado es probable que el consumo privado tenga un fuerte crecimiento en la medida que la vacunación avance y nos acerquemos a la inmunidad de rebaño porque fuentes de financiamiento endógenas tiene. El problema es que esas fuentes son transitorias y es probable que se exhausten cuando la economía todavía no alcance su posición tendencial. Por ello, sería conveniente que la política económica de corto plazo mantenga una posición expansiva por un tiempo más, incluyendo el crear un clima de confianza que mejore sustancialmente las expectativas de los agentes económicos para así influenciar también el crecimiento de la inversión privada. Pero la reactivación del empleo no sólo debe contener medidas que estimulen la demanda agregada sino también la oferta agregada con políticas que ayuden a los trabajadores a adquirir nuevas habilidades para facilitar su movilidad y empleabilidad en firmas y sectores con futuro de expansión.

k)      La política monetaria deberá seguir teniendo una posición expansiva lo que no evita que en algún momento tenga que subir su tasa de interés de referencia si es que detecta que las expectativas de largo plazo de inflación se desenganchan del rango meta del BCRP a causa de un repunte de la inflación producida por shocks de oferta transitorios. Mientras el nivel de la tasa de política esté por debajo de su mejor estimado de tasa neutral la política tendrá un sesgo expansivo. Además, se tendrá que tomar en cuenta el desenvolvimiento de la política fiscal.

l)        En la medida que el gasto privado alcance un crecimiento adecuado y sostenido se podrá hacer una consolidación fiscal progresiva, no traumática, para evitar que la política fiscal se convierta en un head-wind para la economía. Se debe entender que la única forma de alcanzar sostenibilidad fiscal de largo plazo es generar primero una economía plenamente recuperada y la política fiscal tiene mucho que ver con ello. La economía necesita un incremento del gasto público en inversión en infraestructura que implique gastar en salud, educación, vialidad, energía, agua y desagüe, y digitalización para reforzar el crecimiento, limitar daños al PBI potencial y colaborar con el crecimiento de la productividad del sector privado. Además, se debe atender los principales problemas de la micro y pequeña empresa combinando políticas que atiendan problemas de liquidez, solvencia y reestructuración de deuda.  Espacio fiscal existe más aún que las finanzas públicas están recibiendo un shock de oferta positivo proveniente de la mejora en los términos de intercambio; esto permite que el aumento del gasto público financiado con ese aumento de recaudación se comporte como si fuese un gasto autónomo con mayores efectos multiplicadores en la economía. Si se desea aumentar en algo el gasto corriente, éste debe ser hecho en forma muy focalizado.

m)    La recuperación del empleo será determinada, en lo principal,  por el crecimiento de la producción. La política fiscal puede ayudar a través de la creación de programas temporales de obras públicas que crean directamente empleo transitorio y, vía efecto multiplicador, posteriormente empleo más estable. Pero es la inversión privada la que crea directamente empleo de duración más estable por lo que también debe ser promovida procurando alcanzar incluso un shock de inversión privada.

Se debe continuar con la formulación e implementación de medidas macro y micro prudenciales por parte de las instituciones correspondientes para atenuar el trade-off  que surge cuando se siguen políticas monetarias-financieras que buscan estimular la demanda agregada y el mayor riesgo de vulnerabilidad financiera que puedan crear.



NOTAS SOBRE EL TEMA FISCAL.

JORGE GONZALEZ IZQUIERDO.

UNIVERSIDAD DEL PACIFICO.

1) Percibo que en nuestro país hay una excesiva preocupación por el tema de la deuda pública (DP) calculada a través del ratio DP/PBI que según estimaciones oficiales (MEF)  estaría alrededor de  34%PBI para este año cuando el año pasado fue 27%PBI; aun cuando, la deuda neta estaría cerrando en 23%PBI. Esta actitud está llevando a que los hacedores de política económica piensen hacer una política  de gasto fiscal contractiva para el 2021, con la excepción notable de un alto funcionario de una institución de mucho prestigio del sector público que piensa que hay que hacer política fiscal expansiva por un tiempo todavía. No comparto la actitud descrita. Creo que se está exagerando con el tema de la deuda pública y menos lo de hacer política de gasto fiscal contractiva en el 2021.

2) Desde el punto de vista de la teoría económica y de la práctica se debe hacer consolidación fiscal cuando el gasto privado interno crece  vigorosa y sostenidamente complementado con un apoyo del gasto externo neto. En esa situación no estamos todavía hoy ni  lo estaremos en un corto plazo. No hay que dejarse influenciar por las cifras estadísticas  de muy corto plazo porque ellas contienen un fuerte componente de rebote estadístico.

3) Desde mi  punto de vista, en el 2020 se hizo política de gasto fiscal contractiva sobre todo en inversión debido a que, trabajando con cifras del  BCRP, hasta el mes de Julio el gasto público no financiero creció en términos reales negativo  y considerando los “lags” con los que opera  la política fiscal  sus efectos contractivos sobre el gasto agregado se estarían sintiendo a lo largo del segundo semestre del 2020. ¿Y el déficit fiscal primario de casi 8%PBI, no es un indicador de una política fiscal fuertemente expansiva? No creo así. En circunstancias normales así sería. Pero las actuales no son normales. El déficit primario fue causado, en lo principal, por un shock exógeno provocado por la Pandemia del Covid-19 que  ocasionó un derrumbe de los ingresos fiscales.

4) Por otro lado, causaría genuina preocupación si los déficit primarios fueran el resultado de un gobierno “gastador”, cuyas políticas fiscales tienen el gen de gastar más allá de sus posibilidades, tipo Venezuela por ejemplo. Pero no. Nuestro caso no es así. Estos déficit son transitorios, temporales por naturaleza. Cuando se ponga bajo control la Pandemia, no habría razón de seguirlos causando. Se empezaría hacer consolidación fiscal. Los mercados creo lo interpretan de esta forma. El riesgo país sigue bastante bajo y las principales calificadoras de riesgo no han degradado la deuda pública tanto en dólares como en soles ni tampoco alterado sus perspectivas.

5) Considero que hay un factor que tendrá decisiva influencia en el comportamiento de la economía en el corto plazo y en la situación fiscal. Me refiero a la llegada de la vacuna anti Covid-19. ¿Por qué? Porque normalizaría el comportamiento del gasto privado, sobre todo del consumo. Pero, entiendo por “llegada  de la vacuna” a una situación en la que se haya vacunado al menos entre el 70%-75% de la población para conseguir la llamada “inmunidad de rebaño”. Con ello se conseguiría un mayor crecimiento del gasto privado permitiendo iniciar un proceso de consolidación fiscal gradual y creíble. Estimo que conseguir ese objetivo nos tomaría unos seis meses. Por lo cual, la política de gasto fiscal tendría que ser expansiva, al menos, durante  el primer semestre 2021. Acompañada con una política monetaria de similar stance.

6) El aumento en el gasto público ya no debe seguir priorizando  el consumo (corriente), como es el caso del  reciente bono a los trabajadores del sector público dado que este sector de la fuerza laboral fue el menos afectado por las secuela de la Pandemia y el multiplicador de este tipo de gasto es  bastante reducido. Se debe enfatizar el gasto en inversión en infraestructura para impulsar más fuertemente el crecimiento de la producción y el empleo, limitar el daño a la oferta agregada y reforzar la productividad del sector privado. Sin embargo, hay que reconocer que existen graves limitaciones estructurales a la expansión del gasto en inversión con calidad que el presente gobierno deberá de afrontar. Algunas ideas al respecto son las de terminar un buen número de proyectos de inversión pública que se quedaron a medio hacer por diversos motivos y que la Contraloría General los detectó en un informe de unos dos años atrás y usar con renovada intensidad esquemas como el pago de obras con impuestos y las APP.

7) Otra razón poderosa que respalda la posición de hacer política fiscal expansiva tiene que ver con el comportamiento del sector privado. Resulta que por motivos de fuerza mayor creados por la Pandemia, el sector privado generó importantes montos de exceso de ahorro privado como se demuestra claramente con el modelo de Fondos Prestables sobre todo  en una situación en la que la tasa de referencia del BCRP está prácticamente en cero por ciento. El BCRP estima que para el 2020 el exceso de ahorro privado es de alrededor de 9%PBI y de 3%PBI para el 2021. Si el sector privado no desea usar esos recursos entonces el sector público  debe ponerlos en uso a través de una política de gasto en inversión expansiva;  el costo marginal social de los recursos estará claramente por debajo de su utilidad marginal social. Además no tendría que producirse el tan temido efecto de “crowding-out” sobre el gasto privado. Por otro lado, parte de estos recursos podrían financiar una expansión del gasto privado en consumo sobre todo cuando llegue la vacuna, ya que un sector de  los agentes económicos  se vio “obligado a ahorrar” dado que la utilidad marginal a consumir sufrió un shock adverso y alentó a posponer el consumo en el tiempo; de esta forma, los agentes acumularon muchos activos líquidos que se expresó en un crecimiento de M2 de 34% a Octubre de este año, que facilitará  el financiamiento del gasto.

8) El mundo actual y el que se prevé para el futuro mediato es uno de bajas tasas de interés en términos nominales y reales. Este nuevo environment exige un cambio en el framework con el que se analiza el problema fiscal como ha empezado ya a proponerse en los principales circuitos académicos del  mundo desarrollado. Tradicionalmente se ha puesto casi toda la atención en la evolución del ratio Deuda Pública Total (DP) sobre PBI y en la evolución de dicho ratio se vislumbra la capacidad de pago futura de un país. Creo que a pesar de ello tal ratio tiene un problema conceptual. ¿Cuál? que relaciona un stock con un flujo. En el numerador se pone un concepto de stock (DP) y en el denominador uno de flujo (PBI). Debiera de ponerse en ambos lados sólo stocks o sólo flujos para ser coherentes. Por ejemplo, si deseo insistir con poner DP en el numerador, debo poner en el denominador el valor presente neto de un flujo futuro de PBI, digamos, de los próximos 15 años. Si hiciéramos esto, el ratio disminuiría apreciablemente debajo del 34%PBI actual. Pero, hacer estos cálculos conlleva mucha incertidumbre por lo que es mejor virar hacia la otra opción que es la de flujo-flujo. Debemos considerar en el numerador el servicio de la deuda externa a nivel de pago de intereses  o quizá  también incluir la amortización del principal, y en el denominador el PBI. Pero, el servicio de la deuda debe ser ajustado por  inflación ya que esta última “se come” parte de ella. Por consiguiente, debemos estimar el valor REAL  del servicio de la deuda y compararla con el PBI. El MEF presenta unos estimados,  desconozco si corresponden  al valor real del servicio de la deuda, que para el 2020 da una cifra de 1.8%PBI (sólo intereses) y de 2.1%PBI con amortización. Para el 2021 las cifras son de 1.9% y 2.2% respectivamente. Para los siguientes dos años el total sube hasta un 3%PBI. Visto así, la cosa cambia ya que el esfuerzo de pago que la deuda pública total demandaría a la economía, estaría entre 2%-3%PBI. Este nuevo environment exigiría que se sigan haciendo  operaciones de reingeniería financiera cancelando deuda cara con toma de deuda nueva más barata. Para así mantener bajo control el ratio estimado.

9) Adicionalmente, existe otro argumento muy poderoso derivado del nuevo environment de las tasas de interés, que debe entrar en consideración. Es el referido a la relación entre costo promedio de la deuda pública (r) y el crecimiento potencial de la economía (g). Si las tasas de interés están bajas y se mantendrán bajas en el mediano plazo, es probable que g sea mayor que r más ahora que el maturity de la deuda pública se está alargando (hasta cien años) y se genera el tiempo necesario  para hacer las reformas estructurales que se necesiten para elevar el crecimiento potencial a alrededor del 6% anual o más. Si g es mayor a r el país no tendría mayores problemas para afrontar  el servicio de su deuda pública y el ratio que tanto se usa DP/PBI bajaría en el tiempo.

10) Si g es mayor que r, el  tema de los efectos de las finanzas públicas sobre la economía  debe sufrir algunos ajustes. Desde el punto de vista del Gasto Agregado, claramente se puede concluir que en una recesión una política fiscal expansiva podría mejorar el tan mentado ratio DP/PBI. Desde la perspectiva de la Oferta Agregada, las bajas tasas de interés reales posibilitan que una mayor cantidad de proyectos de inversión sean rentables y puedan afrontar con relativa tranquilidad su servicio en el tiempo, pudiendo incluirse no sólo infraestructura sino también formación de capital humano, investigación y desarrollo justo ahora que la Pandemia aceleró la llegada a la economía  de los alcances de la Cuarta Revolución Industrial vale decir, inteligencia artificial, automatización y robotización.

11) Finalmente, unas palabras sobre como generar mayores ingresos. Independientemente de lo discutido hasta este momento, se hace inevitable reconocer que en el futuro se tendrá que elevar en forma autónoma, en algún porcentaje, los ingresos del gobierno general. Pero antes de pensar en subir impuestos o crear nuevos se debe pensar en recortar y/o eliminar gastos. Primero, es posible reducir drásticamente el gasto en Consultorías y Asesorías que el Sector Público realiza y que se acerca a los dos mil millones de soles al año. Segundo, reducir entre 0.5%- 1%PBI las exoneraciones tributarias y otros tratamientos preferenciales en un tiempo prudencial. Y obviamente, eliminar los gastos generados por la atención de la Pandemia. Luego pensar en ajustar impuestos. Considero que se debe gravar el consumo y no el ingreso por varias razones pero principalmente porque el consumo refleja mejor que el ingreso el bienestar que un agente económico obtiene de la sociedad. Además, en teoría de los precios está sólidamente demostrado que gravar el ingreso por ejemplo de una persona, afecta adversamente su deseo de trabajar, ahorrar e invertir en el tiempo, con lo que produce en términos agregados efectos adversos sobre el crecimiento potencial de la economía, los salarios reales y otras variables. También hay que considerar el efecto que sobre los ingresos del gobierno general tendrá  un shock exógeno, esta vez de naturaleza positiva, producto  del apreciable aumento en el precio del cobre y otros metales que el país exporta. Mientras dure esa situación, nos ayudará a cerrar la brecha fiscal con un menor esfuerzo fiscal.

Por sobre todos estos considerandos, no se debe permitir que desde el Congreso de las República se concreten iniciativas de gasto de naturaleza populista que compliquen tremendamente la cuantía del resultado fiscal primario y la capacidad de servir la deuda pública al implicar gastos de dudoso retorno económico y  crear expectativas adversas en los mercados nacionales y sobre todo mundiales. El Congreso se convertiría así en un constante shock exógeno adverso a las finanzas públicas y a la economía del país.

SOBRE EL SUBSIDIO A LA CONTRATACIÓN DE MANO DE OBRA FORMAL.

JORGE GONZALEZ IZQUIERDO.

UNIVERSIDAD DEL PACÍFICO.

El gobierno del señor presidente Martin Vizcarra anunció el otorgamiento de  un subsidio a la contratación de mano de obra formal que se  entregaría a las empresas de todo tamaño que hayan experimentado una reducción en sus ventas igual o mayor al 30% entre los meses de Abril y Mayo del presente año. El subsidio iría entre el 35% - 55% del costo de la planilla de personal nuevo o que dejó de laborar y es recontratado. Se aplicaría para las contrataciones que se den entre Agosto 2020 - Enero 2021. El subsidio cubre sólo el pago de las remuneraciones de los trabajadores contratados de manera formal que tengan un sueldo de hasta 2,400 soles y todos los beneficios laborales. Distingue, además, entre dos segmentos de trabajadores: a) jóvenes entre 18-24 años y b) mayores de 25 años, incrementando el subsidio cuando el trabajador es contratado a plazo indeterminado y reduciéndolo cuando el contrato es a plazo fijo. El tiempo total del subsidio es de seis meses y será mayor para los primeros tres meses y luego se reducirá en los siguientes tres meses. Por último, el subsidio será mayor cuando se trate de trabajadores jóvenes. ¿Es una buena decisión de política económica? Creo que no. Veamos.

La Pandemia del Coronavirus provocó una profunda recesión en la economía que ocasionó  una drástica caída  de la producción, desplome del empleo, y reducción apreciable de ingresos, sobre todo de los trabajadores. Soy de la opinión que el probable retorno a los niveles pre-pandemia se dé primero en la producción y luego en el empleo, sobre todo en  el considerado adecuadamente productivo. Esto último tomará un tiempo mayor debido, en lo principal, a  que la Pandemia aceleró y consolidó la llegada a las empresas formales de la inteligencia artificial, automatización y robotización y provocó también un shock de reconversión productiva, alterando con ello la naturaleza y estructura de la demanda de mano de obra y provocando un posible incremento del desempleo estructural. Parte del desempleo coyuntural que se ha producido, se convertirá en estructural dada la prevalencia de amplios sectores de trabajadores con bajo stock de capital humano con capacidades cognitivas rutinarias fáciles de codificar y en otros casos habilidades que son específicas a sectores que se están encogiendo o desapareciendo. Por otro lado, según el INEI en el trimestre Abril-Mayo-Junio la población económicamente activa se redujo de 17.4 millones de personas (trimestre Enero- Marzo) a 11.3 millones, una disminución de 6.1 millones que se pasaron a la categoría de población económicamente no activa; es decir, dejaron la fuerza laboral al quedar desempleadas y ver con pesimismo la situación futura de empleo; es probable que cuando deseen regresar a buscar trabajo les tome un tiempo considerable encontrarlo en el sector adecuadamente productivo, como demuestra la experiencia internacional.  Y es bien sabido que el desempleo estructural no se enfrenta con políticas de demanda sino con políticas de oferta, básicamente de educación, capacitación, entrenamiento, que busquen dar solución al posible desajuste de habilidades entre lo requerido por la demanda y  lo ofrecido por la oferta de trabajo.

En la actual coyuntura económica es necesario distinguir dos fases en el proceso de reactivación de la economía. La primera, de recuperación o rebote producido por la reapertura de la economía donde el comportamiento de la producción y empleo están determinados principalmente por factores de oferta. Y una segunda, posterior, donde ambos están determinados en lo fundamental por factores de demanda. Considero que básicamente estamos entrando a  la fase de reactivación donde lo importante es promover un crecimiento relativamente alto y sostenido de la demanda agregada, especialmente la interna. La demanda por trabajo, en este contexto,  depende fuertemente del comportamiento de la producción  y por ende de la demanda por bienes y servicios y activos financieros no monetarios. Es el típico caso en el que coexiste exceso de oferta en el mercado laboral y  en el de bienes y servicios al mismo tiempo, por déficit de demanda . En este escenario, reducir temporalmente el costo de contratación de mano de obra tendrá efectos marginales sobre la demanda por trabajo; la causalidad no va de costo a cantidad demandada de trabajo como ocurriría en situaciones de pleno empleo o cercanas a él. El modelo clásico recomienda que se debe subsidiar la contratación de mano de obra cuando en el mercado de trabajo existe alguna imperfección que impide que el mercado alcance su equilibrio,  y  no se la puede eliminar; la demanda por trabajo  depende sólo  de factores reales y no está afectada por la demanda por bienes y servicios. Este no es el caso de la actual coyuntura que vivimos por lo que la política del estado debe estar enfocada a estimular el crecimiento de la demanda agregada por bienes y servicios en el corto plazo para así impulsar la creación de nuevos puestos de trabajo.

Considero que la norma propuesta tiene las siguientes limitaciones y/o errores:

1) Es posible que para el corto plazo y en las presentes circunstancias, las curvas isocuantas no sean muy “echadas” como aparecen en los libros de texto de forma tal que no  sea muy fácil sustituir capital por trabajo en la producción del bien en cuestión. El subsidio lo que hace es reducir el precio relativo de usar los servicios de la mano de obra frente al uso de los servicios del capital y de esta forma se espera aumentar la demanda por trabajo por un efecto sustitución y escala. Pero si hay distorsiones en el proceso de  sustitución de factores o cambios en la función de producción debido a modificaciones en las productividades marginales del capital y trabajo, el efecto se vería limitado.

2) Un error  común en política económica es poner a un mismo servicio o bien diferentes precios de mercado; eso conduce inevitablemente a un comportamiento especulativo. Con el subsidio en cuestión, se está colocando diferentes precios a los servicios de la mano de obra por edad, tipo de contrato y  nivel salarial. Esto provocará un efecto sustitución importante en la contratación de mano de obra y no necesariamente un aumento neto considerable en el empleo. Además, de estimular comportamientos indeseables.

3) Será muy difícil distinguir entre la contratación de mano de obra que de todas formas las empresas iban a realizar,  en un contexto de reactivación de la producción,  de la contratación que supuestamente el subsidio incentivaría. Si no se puede distinguir uno del otro entonces se estarían generando sustanciales “windfall gains” para las empresas que se acogerían al subsidio. Esto constituiría una mala asignación de los escasos recursos que tiene el estado.

4) Pagar el subsidio en función de las nuevas contrataciones realizadas y no por la creación neta de empleo, creará el incentivo perverso de provocar despidos para luego contratar a alguien nuevo para ganarse el subsidio.

5) Con otorgar subsidios mayores dirigidos a grupos específicos de trabajadores, como en el presente caso, a jóvenes entre 18 - 24 años,  se corre el riesgo de estigmatizarlos ya que los empleadores los pueden considerar como menos productivos y con ello dificultar su contratación o alentar su posterior despido. Esta práctica además discrimina relativamente contra los trabajadores de mayor edad.

6) Contratar un trabajador en condiciones de formalidad a cambio de un subsidio temporal de seis meses que es a su vez decreciente en monto, no creará, ceteris paribus, mayor incentivo a contratar más mano de obra en el tiempo. Además, no debiera concederse  subsidio por contratar a plaza fijo; todo el peso del subsidio debería  cargarse a estimular la contratación  a plazo indeterminado ya que la primera modalidad causa problemas importantes al buen funcionamiento del mercado laboral.

7) La mayor o menor contratación de mano de obra dependerá principalmente, en las actuales circunstancias, del comportamiento de la producción. Si el sector privado espera que en los próximos 12 ó 24 meses el crecimiento de la producción será lento,  la creación de empleo neto será acorde a esa expectativa dado lo expuesto en un párrafo anterior y  en el probable comportamiento de la inversión privada. Los subsidios a la contratación de mano de obra no alterarán en lo sustancial este comportamiento.

8) Es probable que el gobierno para evitar los incentivos perversos que crea este subsidio implemente un conjunto de controles y supervisiones con  lo que provocará  costos   administrativos a las empresas  que probablemente sean mejor absorbidos por las de mayor tamaño. De ser este el caso,  los “windfall gains” irán mayormente a las grandes empresas.

9) Si como dice el proyecto de la norma, el subsidio se aplicaría a las contrataciones realizadas entre Agosto 2020 - Enero 2021,  los meses de Agosto, Setiembre y Octubre  ya transcurrieron por lo que no habría razón alguna para pagar el subsidio. Sería una completa mala asignación de recursos.

10) Las empresas que hayan tenido una caída en sus ingresos igual o mayor al 30% en los meses de Abril y Mayo calificarían para  el subsidio. La lógica es que producto de la reducción drástica de ingresos tengan problemas de liquidez (cash flow) que les dificultaría contratar mano de obra adicional. Por ello, hay que reducirles el costo de contratar mano de obra. Pero para tratar el problema de liquidez se crearon los Reactiva Perú 1 y 2 transfiriendo casi 60,000 millones de soles. Además, se les otorgó un subsidio a la planilla de 35% para desincentivar los despidos. Y  es probable que sus ventas ya estén recuperándose. 

Por todo lo expuesto, considero que no es buena idea implementar el subsidio a la contratación de nueva mano de obra formal. Aconsejo al gobierno del presidente Vizcarra utilizar los recursos que serían malgastados en el subsidio,  en  invertir en: i) programas de reeducación, recapacitación, entrenamiento en nuevas habilidades a los trabajadores, especialmente de bajos niveles salariales para que puedan estar en mejor forma para afrontar el reto que la llegada de la Cuarta Revolución Industrial  al Perú les está imponiendo, dentro de una verdadera reforma laboral; esto lo pueden hacer con el  concurso del sector privado ii) aumentar el acceso a internet que según el INEI  sólo el 40% de los hogares peruanos lo tienen, iii) programas de inversión pública sobre todo en infraestructura que incluya aspectos de digitalización.


[1] Según los nuevos modelos keynesianos también puede existir el exceso de oferta en ambos mercados por razones de imperfecciones como por ejemplo la existencia de competencia monopolística y de la hipótesis de salarios eficientes.

UNA NOTA SOBRE EL DISEÑO DE POLITICA ECONOMICA DE CORTO PLAZO

 JORGE GONZALEZ IZQUIERDO.

UNIVERSIDAD DEL PACIFICO.

La recesión económica producida por la Pandemia del coronavirus está golpeando fuerte a la economía peruana. En los primeros siete meses del año la economía registró un crecimiento de -16.5% y el empleo total nacional registró un desplome de - 40% en el trimestre Abril-Junio al igual que los ingresos de los trabajadores. Ante esta situación la pregunta que surge es sobre el tipo de política económica que sería la más conveniente adoptar para ayudarnos a recuperar la normalidad en el menor tiempo posible. Según el BCRP, en su último Reporte de Inflación del mes de Setiembre la política fiscal el próximo año sería contractiva en tanto que la política monetaria seguiría siendo expansiva. ¿Es esta combinación de política económica la adecuada? En lo que sigue trataré de dar una respuesta.

Para comenzar, usaré el modelo de Fondos Prestables de inspiración clásica y aplicable sólo a situaciones de pleno empleo. Este modelo determina la tasa de interés de equilibrio de largo plazo de la economía correspondiente a un estado de pleno empleo (r*) la que, entre otras cosas, serviría de guía al banco central para situar su tasa de interés real de referencia. Lo hace en función de una demanda por fondos prestables y una oferta de fondos prestables. En términos más actuales, función de una demanda por ahorros (inversión) y una oferta de ahorros.



La curva Ss refleja el deseo de ahorrar de los agentes económicos en una situación de pleno empleo. La curva Ds lo que desean invertir. La tasa r0*es la tasa de interés real de equilibrio de largo plazo (tasa natural de interés) que está determinada por factores reales que soportan cada función (curva).

Puede suceder que por alguna razón se produce un shock adverso sobre la demanda por ahorros (inversión), Ds, y ésta se reduce sustancialmente al nivel de Ds1:



En el punto “B”, la economía encuentra su nuevo equilibrio requiriendo una tasa de interés real negativa igual a  -r1* para mantener el pleno empleo. Pero, a una tasa de 0% el monto que los agentes económicos desean ahorrar es mayor al monto que desean invertir, generándose  una situación de exceso de ahorro privado. En esta situación, ¿qué se puede hacer? La respuesta de política económica es variada. En primer lugar, se podría implementar una política de gasto fiscal expansiva que use el exceso de ahorro que el sector privado no desea emplear; no se darían los consabidos efectos de presionar al alza las tasas de interés ni efecto crowding-out alguno sobre el gasto privado dada la situación de exceso de ahorro que se experimenta. Una alternativa a la política descrita sería hacer una política monetaria expansiva que utilice primero sus instrumentos convencionales como reducir encajes bancarios y poner  la tasa de interés de referencia  en 0% para luego, si lo anterior no alcanza para devolver a la economía al pleno empleo, emplear mecanismos no convencionales con el objetivo de elevar expectativas de inflación para alcanzar la tasa de interés real negativa que se necesita, disminuir tasas de interés de largo plazo si permanecen por encima de 0%,promover una devaluación del tipo de cambio real y elevar los precios de los stocks.

Pero, alguien puede pensar que una situación de pleno empleo es un evento muy raro en la economía peruana. Lo normal es que opere por debajo del pleno empleo. Por lo que no tendría mucho sentido utilizar un modelo que siempre asume pleno empleo para analizar el caso de nuestra economía. Por ello, vamos introducir situaciones de desempleo al modelo de Fondos Prestables y ver que nos dice.

En desempleo haremos uso de la lógica Keynesiana. El ahorro y la inversión dependen del nivel de ingreso de la economía (PBI). Conforme aumenta el ingreso, aumenta el ahorro con lo que la curva Ss se desplaza hacia la derecha y habrá tantos niveles de tasa de interés como niveles de ingreso existan. Una tasa de interés por cada nivel de ingreso. La inversión también aumenta pero se asume que el efecto sobre el ahorro predomina.



Por consiguiente, la teoría de los Fondos Prestables para una situación de desempleo define una relación inversa entre ingreso y tasa de interés (curva E0-E0), pero no alcanza para determinar, por si sola,  la tasa de interés de equilibrio para una situación concreta. Esta relación es  conocida también como la curva IS. Necesita de una segunda teoría que la complemente y esta es la teoría de la Preferencia por la Liquidez  que da origen a la curva LM. Ambas teorías si son capaces de determinar la tasa de interés de equilibrio de corto plazo correspondiente a una situación de desempleo.



Supongamos que un shock exógeno de oferta y demanda muy fuerte provocó que tanto el PBI potencial como la demanda agregada se contraigan apreciablemente y que después de un tiempo el PBI potencial regresa cerca de su nivel inicial pero la demanda agregada no,  por lo que después de un proceso de “rebote” de la producción y el empleo, la economía se encuentra en una situación de apreciable desempleo. El banco central respondió con reducir su tasa de interés de referencia a cero más otras medidas pero no logró regresar a la economía al pleno empleo. Algo similar ocurrió con la política fiscal que implementó acciones más orientadas a evitar o reparar daños a la economía que a estimularla. La economía está en el punto “C”  del grafico anterior. Se necesita una tasa real de interés negativa igual a -r2 para alcanzar el pleno empleo. ¿Cuáles serían las medidas de política económica que se podrían implementar? Considero que son las siguientes:

a)  Una política de gasto fiscal, todo lo expansiva que sea necesaria, para devolver a la economía al pleno empleo, poniendo a trabajar el exceso de ahorro privado generado. El costo marginal social de usar esos recursos ociosos será muy bajo y la utilidad marginal social bastante mayor siempre y cuando se usen eficientemente.

b) Una política monetaria expansiva usando instrumentos no convencionales dado que la tasa de interés de referencia está en 0%. Se busca crear mayores expectativas de inflación y con ello provocar una reducción de la tasa de interés real a niveles negativos con la intención de alcanzar el nivel exigido por el pleno empleo (-r2); la ecuación de Fisher nos ayuda a entender la lógica descrita. También se busca reducir tasas de interés de más largo plazo para incentivar el gasto en consumo e inversión. Así mismo, provocar una devaluación del tipo de cambio real para incrementar exportaciones netas. Y finalmente elevar el precio de los stocks para incentivar el gasto en consumo e inversión.

c)  Una política de alivio de deuda financiera para los agentes económicos sujetos a esa restricción con el fin de incrementar su gasto en bienes y servicios.

Recomendaciones similares se obtienen usando un modelo de economía abierta llamado el Modelo Swan por su autor el economista australiano Trevor Swan. Es un modelo “ad-hoc” pero que funciona razonablemente bien aunque en este año algunos investigadores le han proveído de fundamentos microeconómicos y su resultado ha sido promisorio. En lo que sigue voy asumir  que el lector lo conoce bastante bien de forma tal que me descargo de la tediosa tarea de explicarlo.



En el eje de las “Y” se mide la relación PN/PT, precios de no transables a transables como proxy  de la inversa del tipo de cambio real definido como Pt/Pn. En el eje de las “X” la Demanda Agregada Interna, básicamente gasto fiscal. La curva “E.B”  refleja el equilibrio externo de la economía. La curva “I.B” el equilibrio interno. La situación actual de la economía se refleja en el punto “B” porque, según el Reporte de Inflación del BCRP, la cuenta corriente de la balanza de pagos estaría en equilibrio al tender su déficit a cero en este año (-0.1%PBI) y registrar un pequeño déficit el 2021 (-1.6%PBI). El  desempleo en cambio es muy abundante. La región a la izquierda de la curva “I.B” señala la presencia de desempleo y  a la derecha de la curva “E.B” déficit en la cuenta corriente.  El modelo nos indica claramente que la combinación adecuada de política económica sería expandir la demanda interna con un aumento del tipo de cambio real, según está definido, lo que implica un aumento en el  precio relativo de los transables vía incremento del tipo de cambio nominal. De esta forma se promueve que la mayoría del incremento de la demanda agregada interna beneficie a la economía nacional.

CONCLUSIÓN.

Considero que en las actuales circunstancias la economía peruana requiere de una tasa de interés real negativa para regresar al pleno empleo dado el desplome de la inversión privada en el segundo trimestre del año estimado en -64.2% por el  BCRP y de -40% para el primer semestre. ¿Cuán negativa? No estoy en condiciones de decirlo. Pero la máxima tasa de interés real negativa que se puede obtener sería de -2% dada la meta de inflación fijada por el banco central, con un máximo de -3%. Si este es el nivel que exige la economía, entonces es algo que se podría lograr elevando las expectativas de inflación de los agentes económicos que ahora se encuentran  por debajo del 2%. Y ¿cómo? usando instrumentos no convencionales para conseguir los objetivos señalados en el acápite (b)  del párrafo anterior ya que también las tasas de interés de mercado de largo plazo están  por encima de 0%.  Si esto resultara complicado de implementar, como creo que sería por el momento, la alternativa sería una política de gasto autónomo fiscal expansiva que haga uso del exceso de ahorro privado que el banco central ha estimado en 9.1%PBI para el 2020 y de 3.6%PBI para el 2021 y de ser necesario, financiamiento adicional. Pero en este respecto hay cosas que preocupan porque hasta el mes de Agosto del presente año, según el BCRP, el gasto no financiero del Sector Público no Financiero había crecido escasamente 2.6% en términos nominales lo que para efectos prácticos da  una expansión real de cero, con el agravante de que la inversión pública registró crecimiento negativo hasta en el propio mes de Agosto. Por lo que en gran parte del 2020 se habrá implementado una política de gasto fiscal contractiva lo que, dado los rezagos con que hace sentir sus efectos,  afectará  el comportamiento de la producción y empleo hasta fines de año. El gobierno estima que en los cuatro meses que restan para acabar el año el gasto público subirá fuertemente, sobre todo en inversión, lo que levanta dudas al respecto y especialmente en lo  referido a la calidad del gasto.  Por ello, llama poderosamente la atención que según estimaciones del BCRP publicadas en su Reporte de Inflación de Setiembre, la política fiscal en el 2021 sería contractiva algo que va en contra de lo que sugieren los modelos analizados. Se olvidan los que proponen eso que en la mitad de una recesión preocuparse en exceso sobre la deuda pública no es una prioridad a menos que los mercados financieros te fuercen a hacerlo. Según el mismo reporte, la deuda pública bruta representará el 34.3%PBI a fines de año y la neta 22.8%PBI muy por debajo de la situación presentada por  un buen número de países; además son niveles de deuda que no deben despertar temores en exceso y es probable que el costo ponderado de dicha deuda esté por debajo del crecimiento potencial de la economía. Puede ser que estén aplicando literalmente lo que  dicen  los libros de texto de macroeconomía sobre la existencia de un trade-off entre política fiscal y monetaria que lleva hacer política fiscal contractiva cuando la política monetaria es expansiva, como es nuestro caso. Lo que a  veces no se comprende es que tal trade-off existe si y sólo si la política fiscal pone en riesgo la obtención de los objetivos del banco central en cuanto a inflación y empleo; si no es así no existe mayor razón para que el banco central ajuste su política monetaria; y por otro lado, tal trade-off sólo se da cuando la política monetaria tiene margen de acción es decir cuando su tasa de referencia está  por encima del 0%. Una consolidación fiscal se debe hacer cuando el gasto privado y el externo neto crecen en forma sostenida y vigorosa, porque puede darse una política monetaria expansiva pero el gasto privado no reacciona en la forma esperada y por lo tanto no sería adecuado hacer consolidación fiscal. Quizá hayan algunos que crean en la tesis del profesor Alberto Alesina de Harvard que sostiene que una consolidación fiscal es expansiva en el corto plazo; déjenme decirles que para que ello se dé deberán primero cumplirse  una serie de requisitos que obviamente no se están dando en la economía peruana como por ejemplo estar haciendo profundas reformas estructurales en el mercado del trabajo y de capitales; además, la tesis quedó desacreditada con la experiencia de la Eurozona en la crisis del 2008-2009.  Por otro lado, dada la naturaleza de esta crisis y la restricción del 0% para la tasa de interés de referencia del banco central,  ha quedado meridianamente claro no sólo para el Perú sino para muchos países  que la política monetaria por sí sola no es capaz de devolver a la economía al pleno empleo en un tiempo razonable. Se necesita de la política fiscal y esta debe ser expansiva pero incidiendo en un mayor gasto autónomo en inversión, sobre todo en infraestructura.

Resumiendo, según los modelos expuestos, la combinación adecuada de política económica es  política fiscal y monetaria expansivas en el presente año y en el 2021, con medidas de alivio financiero para los sectores de la sociedad que lo ameriten. Espero que el gobierno del señor presidente Martin Vizcarra se rectifique e implemente una política fiscal expansiva eficiente.

SOBRE LA COYUNTURA ECONOMICA Y CONSIDERACIONES DE MÁS LARGO PLAZO

JORGE GONZALEZ IZQUIERDO.

I) CORTO PLAZO.

     1)      En el corto plazo lo fundamental es controlar la Pandemia hasta que aparezca la vacuna porque el curso futuro de la economía va a depender de tres factores: a) primero, de lejos el más importante, el desenvolvimiento de la pandemia; b) la política económica ya ejecutada (presencia de lags) y la que está por implementarse; y c) las secuelas de mayor duración que la Pandemia ha dejado en la economía como incremento del desempleo estructural; quiebra de empresas; inadecuado financiamiento a las micro y pequeñas empresas, todo ello afectando adversamente la productividad de la economía y provocando algún daño al PBI potencial.

     2)      Una vez controlada la Pandemia se tendría que finalizar la fase de reapertura de la economía para tener al aparato productivo (OA) plenamente operativo. Esta fase continuaría con el proceso de recuperación (rebote) iniciado en Mayo (crecimiento de 8.5% frente a Abril), Junio (crecimiento de 14.5% respecto a Mayo) y Julio (crecimiento de 7.5% frente a Junio),  pero que se vio cortado en Agosto y  en Setiembre por las medidas restrictivas  tomadas a nivel nacional por el gobierno dado el agravamiento de la salud pública provocado por el repunte de la Pandemia. Pero esta fase, tiene una duración corta. Estimo que a fines de año podría haber mermado fuertemente su impulso. Durante esta fase, el comportamiento de la producción y el empleo están básicamente determinados por factores de oferta, dado que el gasto total y especialmente el privado interno responde, básicamente, a factores endógenos ligados al comportamiento de la oferta agregada (OA),  y el gasto público no fue expansivo. El proceso de recuperación hasta el momento, señala que éste se dio con mayor dinamismo en sectores productores de bienes y no tanto de servicios (que son intensivos en el uso de mano de obra), lo que implica que el empleo  se recupere, en términos de unidad de producto, no tan intensamente. En la fase de reactivación se debe modificar este patrón de crecimiento vía, básicamente, política fiscal y sectorial dando especial énfasis a sectores intensivos en el uso de mano de obra.

    3)      Según el BCRP, en un reciente informe semanal, hasta Agosto del presente año el Gasto No Financiero del Sector Público creció en términos nominales 2.6%% lo que descontando la inflación del periodo da un crecimiento real  de alrededor de 1%. Este comportamiento hará sentir sus efectos contractivos en los próximos uno o  dos trimestres por el retraso con el que actúa la política fiscal. Lo que haga el gobierno a partir de Agosto hará sentir plenamente sus efectos en la economía, recién a partir de inicios del 2021. En este respecto, preocupa el comportamiento de la inversión pública que muestra crecimientos negativos tanto en Junio como Julio, Agosto y posiblemente Setiembre. Por ello, la política fiscal debe ser “forward looking”.

     4)      Luego,  lo que toca es iniciar una tercera fase, la de plena reactivación de la economía para recuperar en el menor  plazo posible los niveles de empleo y producción pre-pandemia; creo que la reactivación se debe medir no tanto por el crecimiento del producto sino por el del empleo adecuadamente productivo. En esta fase, el crecimiento de la producción y empleo estará determinado, básicamente, por el comportamiento de la demanda agregada (gasto) (DA), tanto  interna como  externa neta, dadas las imperfecciones existentes en los diferentes mercados de la economía. En esta fase la política fiscal será determinante dado que el gasto privado tendrá un crecimiento relativamente modesto, tanto a nivel de consumo  pero sobre todo de inversión. Por ello considero que no sería adecuado plantear una consolidación fiscal drástica en el 2021. El déficit fiscal primario debe ser apreciable todavía pero reflejando incrementos de gasto en inversión pública, sobre todo en salud, infraestructura y educación, y en menor medida, en consumo que involucre transferencias. La consolidación fiscal  drástica debe iniciarse cuando el gasto privado y externo neto crezcan fuerte y sostenidamente, y se deberá anunciar claramente un derrotero de retorno a la sostenibilidad fiscal en el menor tiempo posible.  En términos del financiamiento a ese esfuerzo fiscal no todo debe descansar en mayor endeudamiento. Primero, debiera de hacerse un esfuerzo de reasignar recursos de aquellas partidas cuyo gasto sería de baja productividad como “consultorías y asesorías” y de aquellas otras que a nivel de gobiernos sub-nacionales secularmente registran poca utilización. Segundo, estimo que podría recortarse en alrededor de un punto porcentual del PBI las exoneraciones tributarias y otros tratamientos preferenciales. Finalmente, quedaría el endeudamiento interno y externo. En este respecto quiero rescatar la información dada por el BCRP de que en el presente año el sector privado generaría un porcentaje muy importante de ahorro neto (8% PBI) y el 2021 uno de casi 3% PBI. De cumplirse estos estimados, el gobierno podría poner a trabajar el ahorro que el sector privado no desea utilizar emitiendo bonos en el mercado local; en este caso no se darían mayores presiones al alza en las tasas de interés de mediano y largo plazo internas  ni tampoco efecto “crowding out” alguno sobre el gasto privado. En el frente externo, todo apunta a que la situación de muy bajas tasas de interés reales seguirá por un tiempo relativamente largo; es un buen momento de endeudarse emitiendo bonos en los mercados mundiales dado que, entre cosas, se asegura que el crecimiento de la economía para esos horizontes de deuda sea superior a su costo con lo que se facilita el servicio de esa deuda. Claro está, que internamente no se caiga en políticas de corte populista, irresponsables, que aumenten el riesgo país o peor aún afecten nuestro grado de inversión obtenido. Por el lado de la política monetaria las cosas han ido  mejor. El BCRP instrumentó una política monetaria que busca dos objetivos fundamentales: a) estabilizar el sistema financiero a fin de que no se interrumpa el flujo normal de crédito al sector privado y b) contribuir a que la eventual reactivación de la economía sea tan vigorosa como sea posible. Utilizó en un primer momento dos de sus principales mecanismos convencionales, reduciendo apreciablemente las tasas de encaje tanto en dólares como en soles y situar su tasa de interés de referencia en 0.25%, casi 0%; con ello busca bajar el costo del endeudamiento y promover condiciones financieras que ayuden luego a la reactivación de la demanda agregada interna. Luego pasó a hacer uso de  mecanismos no convencionales para dar liquidez al sistema financiero como por ejemplo, los orientados a solucionar problemas de liquidez de las empresas (Reactiva Perú 1, 2) y a evitar efectos negativos sobre la economía producto de algunas medidas convertidas en ley por parte del Congreso de la República (caso AFPs). Considero que el banco central está capacitado para la tarea de estabilizar el sistema financiero pero no lo está para tratar de llegar a segmentos específicos de la economía a fin de incentivarlos; recomiendo que no lo haga; eso es tarea de la política fiscal. Así mismo, considero que todavía no es momento de utilizar mecanismos no convencionales como compra de bonos soberanos del MEF en el mercado secundario y/o primario  para afectar las tasas de interés de mediano y largo plazo o  reducir aún  más  el nivel de la tasa de interés de referencia para llegar a terreno negativo. Los efectos secundarios de tales medidas podrían acarrear sustanciales costos dada la situación actual y previsible de corto plazo de la economía. Considero que  debe usar con mayor intensidad el mecanismo de “Forward Guidance” dada la apreciable credibilidad que los agentes económicos tienen en el banco central y que  tan buenos resultados está dando en otras economías, minimizando costos colaterales; en este sentido en sus pronunciamientos sobre política monetaria  debe dejar constancia explícita  que su política seguirá el principio de “lower for longer” (L4L) para estimular desde ahora al gasto privado. El exceso de ahorro privado detectado en el mercado de fondos prestables tiene efectos en el mercado monetario porque se plasma en una situación de exceso de demanda por dinero configurando así un escenario macro de contracción de la demanda agregada por bienes, servicios y activos financieros no monetarios con exceso de demanda por dinero, al mismo tiempo. En circunstancias normales la receta sería hacer una política monetaria expansiva para resolver la situación de exceso de demanda en el mercado monetario y con ello estimular la demanda agregada por bienes y servicios. Pero esta no es una situación normal. Aquí el exceso de demanda por dinero es una consecuencia de la crisis  y no su causa, ya que las medidas de tipo sanitario adoptadas que causan una demanda agregada deficiente obliga al sector privado a demandar  más dinero. En este contexto la solución no es aumentar la oferta monetaria sino una política fiscal expansiva que ponga a trabajar el exceso de ahorro privado y también una política de reprogramación de deuda que conlleve  un importante  alivio de deuda para aquellos agentes económicos que tengan esa restricción. Sin embargo, ésta medida presenta el problema que restringe la oferta de nuevos créditos para dichos sectores ya que inmoviliza recursos por un tiempo. Otro aspecto a tomar en cuenta por su importancia son las expectativas de los agentes económicos. Si estas permanecen adversas, la vuelta a la normalidad tomará  mayor tiempo que el debido. Los modelos basados en el enfoque clásico señalan claramente la importancia de las expectativas e incluso algunos economistas de esa corriente llegan a decir que las recesiones se inician cuando la gente se vuelve pesimista respecto al futuro y se acaban cuando ese sentimiento se torna en optimismo. Por ello, la política económica del gobierno debe contemplar este aspecto y formular acciones que vayan más allá de la política fiscal y monetaria para hacer que los agentes económicos dejen posiciones pesimistas, especialmente frente al proceso electoral que se avecina. Esto es especialmente relevante para la inversión privada dado que hoy considero  se necesita propiciar un shock de inversión privada que requiere de un mejoramiento sustancial de expectativas y que contemple también un manejo adecuado institucional y social.

     5)      Estimo que este año el crecimiento estará entre -12% y -14% y con las medidas restrictivas tomadas en Agosto que comprometieron alrededor del 15% del PBI, se estaría inclinando más hacia el -14%.

II)  MÁS LARGO PLAZO.

     6)       Pero considero que esta crisis nos brinda una oportunidad sin paralelo en la historia moderna de nuestro país para introducir modificaciones sustanciales al proceso de crecimiento y desarrollo económico y social del Perú, debido a que esta Pandemia mostró con suma claridad  las serias deficiencias que tenemos en aspectos tan vitales como salud, educación, informalidad laboral y empresarial, infraestructura, calidad de instituciones, eficiencia del sector público. Si ponemos bajo control a la Pandemia o mejor aún llega al país prontamente la vacuna, superar la adversa coyuntura no debe representar un serio problema desde el punto de vista de formulación de la política económica adecuada porque después de la Gran Crisis Financiera Mundial 2008-2009 la ciencia y política económica consolidaron el conocimiento y la praxis de cómo afrontar un proceso de recesión debido a un déficit de demanda, como es nuestro caso,  tanto en su vertiente fiscal como monetaria y de tratamiento de expectativas. Por lo que el próximo gobierno o los candidatos presidenciales deben abocarse con mucho ahínco a proponer políticas orientadas a solucionar las graves   deficiencias puestas en evidencia por la Pandemia, entre otras.

      7)      Propongo abordar los siguientes aspectos económicos y sociales:

a)      Perfeccionar el funcionamiento del sistema de economía de mercado que está operando en nuestro país acercándolo a estas cinco características deseables: i) que el sector privado sea el responsable de producir los bienes y servicios que la sociedad necesita en condiciones de calidad, cantidad y oportunidad adecuadas concediendo un rol  subsidiario al estado; ii) en todos los mercados debe existir la mayor competencia posible; iii) para asegurar lo anterior debe existir un marco regulatorio simple, eficiente y predecible; iv) la provisión de bienes públicos debe ser adecuada en términos de calidad, cantidad y cobertura (salud, educación, seguridad, infraestructura, etc.); v) creación e implementación de una fuerte red de seguridad social pensando sobre todo  en los sectores más vulnerables. La economía de mercado que tenemos falla en cumplir con casi todas estas características.

b)      Eliminar la extrema pobreza y reducir la pobreza a un dígito. El requisito necesario pero no suficiente es conseguir un crecimiento del ingreso per-cápita superior  al 3.8% promedio anual para reducir la pobreza monetaria en alrededor de dos puntos porcentuales por año en promedio. Crecimiento del ingreso per-cápita de 1.95% promedio anual como el que tuvimos  en el periodo 2014-2019 sólo produjo una disminución de la pobreza monetaria de 0.61 puntos porcentuales promedio anual, claramente insuficiente. La Pandemia aumentará la pobreza monetaria en por lo menos siete puntos porcentuales este año.

c)       Disminuir sustancialmente la desigual distribución del ingreso, riqueza y sobre todo, de las oportunidades. Según un estudio reciente de profesores de la Universidad del Pacífico el coeficiente GINI retrocedió a niveles de 2010 con esta Pandemia. La política tributaria, primero, y de gasto, después, se podrían usar para este fin. Esto también ayudaría al fortalecimiento de la clase media para hacerla menos vulnerable a los efectos de shocks negativos externos y/o internos. Un país logrará un mayor desarrollo económico y social en la medida que su clase media sea mayoritaria y sobre todo consolidada. La clase media hoy en el país siente que lo que aporta a la economía es bastante mayor a lo que recibe de ella. Esto también acelerará la movilidad social tanto horizontal como vertical en la sociedad.

d)      Disminuir radicalmente la informalidad laboral y empresarial que hace daño al bienestar de la sociedad peruana como fenómeno de largo plazo y a la formulación de políticas públicas. El problema fundamental de la informalidad no son los supuestos altos costos de ser formal sino  sus bajos niveles de productividad que le impiden generar ingresos suficientes para sufragar los costos de ser formal. Prueba de ello es que según el INEI para el 2019 del total del valor agregado generado en un año en la economía (PBI) alrededor del 80% provenía del llamado sector formal y sólo el 20% restante del informal a pesar  que este último es el que alberga al 72% del empleo y al 77% de las unidades productivas. La política adecuada para reducir la informalidad debe pasar por elevar sustancialmente los niveles de productividad, como tarea principal, y aminorar los costos de ser formal eliminando los excesos. Pero de ninguna manera centrarse sólo en reducir costos de ser formal. Eso ya se probó en anteriores gobiernos y no funcionó. La pregunta entonces es cómo se consigue elevar sustancialmente la productividad del sector informal. La respuesta está en hacer profundas reformas estructurales que se detallan en el siguiente acápite.

e)      Para conseguir los objetivos señalados como deseables, en adición a las políticas específicas enumeradas, se deberán realizar al menos las siguientes seis reformas estructurales : 

 i. Reforma profunda de la educación, sobre todo la pública para garantizar el acceso a una educación de calidad en todas sus dimensiones a los 33 millones de peruanos.

ii. Reforma profunda de la salud, en especial la salud pública que garantice un nivel mínimo de salud a toda la población.

iii. Reforma profunda del estado para garantizar su funcionamiento eficiente en los diferentes roles que le toca jugar en la sociedad.

iv. Reforma profunda de las Instituciones que consista en crear las instituciones que se consideren faltantes así como reformar y empoderar a las existentes para que cumplan cabalmente con el rol para que fueran creadas. Con instituciones débiles como tenemos ahora, no llegaremos muy lejos.

v. Inversiones masivas en infraestructura para reducir sustancialmente el apreciable déficit que existe en la actualidad, estimado en 160,000 millones de dólares, un 72% del PBI.

vi. Reforma profunda del sistema financiero para facilitar, entre otros objetivos, el adecuado acceso  a dicho sistema a los segmentos de micro, pequeña y medianas empresas.

 8) Hacer las reformas estructurales propuestas no será tarea fácil porque todavía quedan   problemas  grandes por resolver como la corrupción, que está relativamente extendida en la sociedad, tanto en el sector privado como público;  la lucha  en contra que probablemente hagan algunos grupos de poder económico, político y social que no desean perder las rentas económicas y no económicas generadas por una posición de dominio o que profesen ideologías trasnochadas como el populismo que tanto daño hace al bienestar de una sociedad.

Desde el punto estrictamente económico las reformas estructurales son vitales para elevar considerablemente el crecimiento potencial de la economía dado su efecto positivo sobre el crecimiento de la productividad total de factores. En el caso nuestro, considero que se necesitaría un crecimiento potencial de por lo menos seis por ciento anual para sentar las bases de una sociedad más justa en términos de los objetivos planteados con anterioridad. El actual, pre-pandemia, estimado entre 3.5% - 4% anual no alcanza, es insuficiente para respaldar el esfuerzo que el país requiere para lograr una transformación que logre una sociedad de alto nivel de bienestar, justa e inclusiva. Y ¿cómo se eleva el crecimiento potencial a 6% o incluso más? Realizando al menos las seis reformas estructurales postuladas.

SOBRE EL ESTADO DE LA MACROECONOMÍA PERUANA.

JORGE GONZALEZ IZQUIERDO. UNIVERSIDAD DEL PACIFICO. Desde 2024 la economía peruana viene experimentando una estabilidad macroeconómica que p...